INDICACIONES PARA LA GESTIÓN DE LOS EXCESOS NAVIDEÑOS

Las navidades suelen entenderse como una época del año de reencuentros, felicidad, festejos, nuevos deseos, esperanza, regalos… y, también, como una época de excesos. Los excesos en los que vamos a centrarnos en esta publicación son aquellos relacionados con la alimentación y las bebidas alcohólicas.

Hay que tener en cuenta que cada persona, según su historia de vida o según sus circunstancias personales actuales, vive estas fechas de una manera u otra. Y, aunque algunos entiendan la navidad en los términos expresados anteriormente, no para todos son fechas entrañables.

Lo que sí que podemos afirmar es que para aquellas personas que están pasando por un proceso de pérdida de peso no son unas fechas fáciles.

Por lo que, a pesar de que cada uno de nosotros está viviendo un momento diferente, un proceso de cambio distinto, y, sin obviar, la propia idiosincrasia; nuestra psicóloga quiere dejaros algunas indicaciones que pueden seros útiles en el transcurso de estas fiestas:

 

      1. Quítale todo el protagonismo de las fiestas a la comida y la bebida. 

  • Pon el foco de atención en otras cosas, diferentes a la comida, que también te sean gratificantes: recuerdos, luces, villancicos, reuniones familiares, reuniones de amigos, visita de belenes, regalos…
  • Tómate tiempo de descanso, desconecta de tu rutina: trabajo, colegio de los niños, clases extraescolares…
  • Disfruta de las personas que tienes cerca y de aquellas que solo ves en esta época del año.
  • Busca tiempo para hacer aquello que siempre pospones.
  • La comida es otro placer, no el único. Piensa que es el medio para que la gente se reúna y no el fin.

 

      2. Piensa en las celebraciones de navidad como días aislados: 24 y 25 de diciembre, 31 y 1 de enero.

A pesar de que hay veces que nos reunimos en días diferentes: comidas de empresa, otro tipo de reuniones, día de Reyes, etc.

  • Entre el 24 de diciembre de 2019 y el 1 de enero de 2020 pasan 9 días.
  • Entre el 1 de enero y el 24 de diciembre de 2020 pasan 357 días.
  • En porcentaje, estamos hablando de que más de un 97% del año NO es Navidad.
  • No te abandones porque sean muchos días.
  • Lo realmente importante es lo que has trabajado todo el año.
  • Lo realmente importante es lo que vas a seguir trabajando el año que viene.

 

    3. Recuerda que tu compromiso con tu salud y autocuidado es para siempre.

  • Piensa en tus propósitos de salud desde el presente.
  • Continúa con los hábitos que llevas tanto tiempo adquiriendo, no los dejes para después de las fiestas.
  • Si ponemos la perspectiva en el futuro dejamos de cuidarnos esperando que llegue el día “cero”, el día en que todo cambie. Pero no todo tiene que cambiar por completo, tenemos que aprender a ser flexibles, no a restringir todo para siempre.
  • Cambia el objetivo de “Ya el año que viene me cuidaré” por el de “Cuidarte hoy”.

 

     4. Prioriza el compromiso contigo mismo/a frente al compromiso con los demás.

  • Estás en tu derecho de atender a tus necesidades.
  • Estás en tu derecho de llevar tu propio proceso.
  • Estás en tu derecho de llevar tu propia evolución, por lo que es mejor no atender a comparaciones y valoraciones ajenas.
  • Estás en tu derecho de tomar aquello que tanto te gusta sin ser vigilado ni reprochado.
  • Estás en tu derecho de no querer más, a pesar de que los demás insistan.
  • Estás en tu derecho de que no se cuestione tu nueva forma de comer.
  • Estás en tu derecho de incluir opciones saludables en las reuniones familiares. Tú también eres una parte importante de tu familia.
  • Tienes derecho a acudir o no a un compromiso social.
  • Tienes derecho a decidir qué es lo mejor para ti.

 

      5. Deja a un lado el miedo a engordar.

  • Si subes de peso, no es algo inamovible y, por supuesto, no es un
  • En el peso influyen muchos factores.
  • El peso no es algo estable, fluctúa en función de muchas variables.
  • Continúa con tus hábitos y haz memoria de cómo han cambiado con respecto a navidades anteriores. ¡Eso sí que es un éxito.

 

      6. Come de forma consciente.

  • Disfruta de aquello que elijas comer. Hazlo despacio y con consciencia.
  • Escucha tus sensaciones de Hambre-Saciedad.
  • Si tienes hambre: Haz el mismo número de comidas que sueles hacer, incluso más.
  • Si sientes saciedad: No te fuerces y no atiendas a los juicios de los demás. Quizás solo tú y tu entorno más cercano entienda sobre tu nueva forma de comer.
  • Atiende a tu propia capacidad gástrica. A pesar de que disfrutemos de otro tipo de alimentos, considera las cantidades que estás acostumbrada/o a consumir para no encontrarte mal posteriormente.
  • Recuerda que, todo lo que hay en la mesa, tendrás oportunidad de comerlo en cualquier momento de tu vida.
  • Escucha si te apetece o no. No te lo permitas ahora para prohibírtelo durante el resto del año.

 

      7. Sé autocompasivo.

  • Si no hemos llevado a cabo aquello que habíamos pensado, no pasa nada. La próxima vez, ¡seguro que lo consigues!
  • Entiende las dificultades que se te presenten como parte del aprendizaje.
  • No eres juez/a con los demás, no lo seas contigo mismo/a.

 

     8. Recuerda lo importante que es ser flexible.

  • No te abandones.
  • No es un cuestión de épocas “buenas” o “malas”.
  • No es cuestión de “Todo o Nada”.
  • No es cuestión de fuerza de voluntad.
  • Es cuestión de hábitos.
  • Eres perfectamente capaz de continuar con tus hábitos.

 

Esperamos que os sean de utilidad.

Para despedirnos, queremos desearos una ¡¡¡¡¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo!!!!!

EMBARAZO Y LUMBALGIA

El embarazo es un periodo de muchos cambios anatómicos y fisiológicos, ya que la mujer alberga en su interior al feto y, para ello, necesita someterse a adaptaciones corporales y hormonales.

El dolor lumbar es considerado la complicación más frecuente en el embarazo. Más de dos tercios de las mujeres embarazadas lo experimenta y suele empeorar con el avance del proceso, interfiriendo con el trabajo, las actividades cotidianas y el sueño.

¿Cuál es la causa?

Durante el embarazo, habitualmente la mujer gana entre unos 11 y 15 kilogramos de peso, lo que provoca un cambio en el centro de gravedad del cuerpo, así como experimenta cambios en la columna vertebral y la pelvis. El centro de gravedad es el punto que representa el eje del peso del cuerpo u objeto, que, a su vez, es el punto donde todas las partes se equilibran.

Cambios fisiológicos del cuerpo de la mujer

Existen varios cambios importantes que pueden producirse:

  • Aumento del peso soportado por algunas articulaciones hasta el doble más.
  • La pelvis se inclina hacia delante, utilizando más la musculatura extensora de la cadera, la musculatura de la cara externa del muslo y la musculatura flexora plantar.
  • El aumento del perímetro abdominal provoca un desplazamiento anterior del centro de gravedad, aumentando la curva lumbar y cervical.
  • Este aumento de curva provoca mayor laxitud en los ligamentos de la columna, haciendo a la musculatura más propensa a lesionarse.
  • Aumenta la movilidad de las articulaciones de la cadera y del pubis, como preparación para el paso del feto a través del canal del parto.

El acumulo de líquido

La cantidad mínima de agua adicional que acumula el cuerpo de la mujer a lo largo del embarazo es de 6,5L, demostrándose en la aparición de edema blando en los tobillos y piernas, sobre todo al final del día. Esta retención de fluido, se produce también a nivel del tejido conectivo de la columna vertebral y pelvis, aumentando la laxitud de estas articulaciones, lo que podría provocar dolor.

¿Cómo se presenta?

La presentación clínica puede ser muy variada, normalmente de intensidad moderada, pero también pueden aparecer de forma severa e incapacitante.

La aparición del lumbago puede aparecer en cualquier momento del embarazo, aunque es más frecuente que comience a partir de la semana 18, apareciendo la máxima intensidad entorno a la semana 24 y 36.

Normalmente, el dolor se produce en la región sacra y glútea, dolor que puede moverse a lo largo del transcurso del embarazo. Es un dolor sordo de intensidad fluctuante, la cual disminuye una vez se da a luz.

¿Qué podemos hacer para evitarlo?

El colegio americano de obstetricia y ginecología sugiere algunos consejos con los que se puede llegar a evitar la lumbalgia en embarazadas:

  • Utilizar zapatos con un buen apoyo para el arco. Es decir, evitar zapatos planos y zapatos de tacón.
  • Es importante que el colchón donde descase la futura madre sea firme, para garantizar el descanso de toda la columna.
  • Para levantar cualquier objeto, flexionar las rodillas, intentando evitar la extensión de tronco.
  • Procurar sentarse en sillas que posean un buen respaldo o colocar en la espalda baja una almohada.
  • Dormir de lado, utilizando almohadas entre las piernas o debajo del abdomen.
  • Actividad física regular, lo cual fortalece la musculatura y disminuye el riesgo de padecer lumbalgia. El ejercicio físico, además de constituir una medida preventiva, es útil en la lumbalgia ya instaurada, destacando el ejercicio acuático como el mas efectivo.

GENTE TÓXICA

Hoy queremos compartir con vosotros una publicación de nuestra psicóloga, Irene Arroyo Quirell, en la que nos habla sobre la “gente tóxica”.

Actualmente, es común oír hablar, en un lado y otro, sobre este tipo de personas. Sin embargo, puede haber situaciones en las que prejuzguemos el comportamiento de alguien, sin pararnos a pensar en los motivos que hayan podido precipitarlo. Por ello, consideramos que es importante aprender la diferencia entre “personas tóxicas” y “relaciones tóxicas”, y, en este sentido, os daremos algunas pautas de actuación y comportamiento para situaciones en las que identifiquemos tanto uno como otro concepto:

Es frecuente que utilicemos esta expresión para definir a personas que:

  • Están todo el día quejándose.
  • Critican a los demás.
  • Son manipuladoras y mentirosas.
  • Se relacionan con aires de superioridad, desprestigiando continuamente a aquel que tienen al lado.
  • Son envidiosas.
  • Asumen papeles de “víctima”.
  • Pasan tristes la mayor parte del día.
  • Culpabilizan a los demás y no se hacen responsables de sus propias acciones.

 

Por ello, nos roban nuestra energía, nos agotan, etc.

Pero, si lo pensamos bien, ¿quién no ha llevado a cabo, en algún momento de su vida, algunos de estos comportamientos?

Puede que haya situaciones en las que nos comportemos de alguno de los modos descritos con anterioridad:

  • Nos hemos quejado cuando ha ocurrido algo que ha arruinado nuestros planes. Por ejemplo: Teníamos pensado ir el fin de semana a la nieve pero nos hemos lesionado y tenemos que guardar reposo.
  • Hemos criticado a personas que nos han hecho daño de alguna manera.
  • Nos hemos mostrado irritables por razones que los demás desconocen, y eso ha hecho que nos comportemos de forma agresiva y descalificadora.
  • Puede que hayan tenido lugar circunstancias específicas en las que nos hemos creído más que otra persona.
  • Nos sentimos tristes y pesimistas en determinadas etapas de nuestra vida (ruptura de una pareja, pérdida de un empleo, enfermedad o muerte de un ser querido…).
  • Y, ¿quién no ha mentido alguna vez?

 

En cualquiera de estos supuestos, nuestra conversación puede resultar agotadora para aquel que nos acompañe.

Y, según esto, parecería que resulta demasiado fácil ser una “persona tóxica”. Pero, ¿sería entonces justo que todos tuviéramos esta etiqueta?

Etiquetar a alguien no suele traer ventajas, en ningún caso. Esto es así porque somos personas susceptibles al cambio:

  1. Podemos ser personas encantadoras que están pasando una “mala racha” por motivos personales y conocer a alguien en estos momentos.

Esa persona puede tacharnos de “negativa”, “tóxica”, “agresiva”, etc. Y, además, podría trasladar su opinión a sus familiares y amigos que, a su vez, pueden hacer lo mismo.

Con ello, lo único que conseguimos es crear juicios equivocados sobre gente que puede, incluso, asumir ese papel hasta terminar mermando sus relaciones por haber mantenido una determinada conducta durante un mal momento.

  1. También puede ocurrir al revés. Puede que en el pasado nos hayamos comportado de forma equivocada con ciertas personas, seamos conscientes de ello, decidamos cambiar y, si lo necesitamos, busquemos ayuda para conseguirlo.

De hecho, ¿no pensáis que hay personas de las que, si las hubierais conocido en otro momento, tendríais una percepción distinta? Y, por supuesto, ¿no hay personas que tendrían una percepción distinta de nosotros si nos hubieran conocido en otras circunstancias o contextos?

Seguramente, sí. Porque cambiamos en función del momento de la vida en el que nos encontremos, del lugar en el que estemos, de por quién estemos acompañados, del rol que estemos desempeñando e, incluso, del momento del día en el que nos situemos.

Entonces, ¿qué hay de aquellas personas que son posesivas, falsas, envidiosas y que tienen la intención de hacernos sentir mal? ¿Y aquellas que disfrutan con el mal ajeno?

Lo cierto es que también existen personas de este tipo. Pero, en función de la situación de cada uno de ellos/as serán “posesivos” y/o “falsos” y/o “envidiosos” y además, tendrán o no la intención de hacernos sentir mal y/o disfrutarán o no viéndonos sufrir.

Sin embargo, estas personas no serán tóxicas por sí solas. “Ser tóxico” no es ninguna categoría ni diagnóstico. Aunque hay que tener en cuenta que la relación que mantengamos con ellas, sí puede convertirse en dañina para nosotros.

Esto es así porque la mayor parte de la problemática que presentamos está determinada por el entorno en el que vivimos. Un entorno en el que convivimos con muchas otras personas más. Y es con las relaciones que mantenemos con ellas donde pueden surgir los conflictos.

En este escenario, es mucho más fácil acusar a alguien de ser “tóxico” por cualquier suceso (ya sea aislado o repetido) que asumir nuestra propia responsabilidad sobre la forma en que nos relacionamos con él/ella.

 

¿Cómo podemos actuar?

Una vez que sepamos que existen todo tipo de personas, tenemos que aprender a poner límites. Sobre todo con aquellas que no nos gusten, con las que veamos que son constantemente criticonas, posesivas, envidiosas (no sólo con nosotros, sino con los demás); con las que veamos que sean egoístas, egocéntricas; con las que no se preocupen de nosotros, ni se alegren de nuestros triunfos; o con aquellas que suelan ser agresivas verbalmente y déspotas.

En estos casos, será el tiempo el que diga si tuvieron un mal día, si pasaban por un mal momento o si eligen ser de esa determinada manera.

Porque, al fin y al cabo, tenemos que relacionarnos con todo tipo de personas.

En muchas ocasiones no podemos elegir a las personas con las que tratamos a diario: son nuestros compañeros de trabajo, de piso, nuestros vecinos, los amigos de nuestros amigos, nuestros familiares… Pero sí podemos elegir a aquellas personas con las que establecemos vínculos.

 

Nuestros consejos, al respecto, son:

  1. Seamos amables con todo aquel que nos relacionemos, pues no sabemos las circunstancias en las que vive y el motivo por el que puede comportarse de determinada manera.
  2. No utilicemos etiquetas para catalogar cómo son las personas que nos rodean y tratemos, en su lugar, de definir la relación que queremos tener con ellas
  1. ¡Establezcamos vínculos con quien nos ame, nos acepte tal y como somos, nos aporte cosas buenas, disfrute de nuestros éxitos y nos ayude en nuestros fracasos!

 

Recuerda que esta publicación también la podéis encontrar en http://www.quererseespoder.com/gente-toxica/