La importancia de decir “NO”

En consulta nos encontramos con pacientes que manifiestan tener muchas dificultades a la hora de decir “no” a las peticiones de los demás, lo que conlleva que desatiendan sus prioridades para hacerse cargo de los asuntos de los otros: por ejemplo, ocuparse de las tareas de la casa que no hicieron su pareja o sus hijos en las horas que tienen planificado hacer algo de deporte; o se sienten obligados a comer un trozo de tarta del cumpleaños de un/a amigo/a, cuando realmente ya se han quedado saciados; a tomarse una copa si están con algún cliente y a dejar que elija lo que han de pedir de comer…

Esta circunstancia se nos puede presentar con cualquier cuestión que se nos plantee o servicio que se nos demande. Por ello, nuestra psicóloga nos ha dejado esta publicación en la que nos muestra por qué nos cuesta tanto actuar de esta forma, así como la importancia de liberarnos de la culpa que ello origina y de actuar asertivamente, teniendo en cuenta nuestros propios derechos y los de los demás.

También podéis encontrar esta publicación en http://www.quererseespoder.com/por-que-nos-cuesta-decir-que-no/:

Como hemos referido en otras publicaciones, muchos de nosotros tenemos problemas a la hora de decir “no” de forma asertiva. Ello puede llegar a repercutir en nuestra vida diaria si tendemos a hacer siempre aquello que no queremos por el simple hecho de que no sabemos decir “NO” a los demás.

¿Por qué solemos a actuar de esta manera?

En muchas ocasiones puede ocurrir que digamos que sí a algo que no queremos hacer porque los recuerdos que rescatamos de nuestra memoria nos advierten de que, cuando no hemos hecho lo que los demás nos habían pedido, apareció un sentimiento desagradable del que es muy difícil escapar: la culpa.

La culpa, según la RAE, es la acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado.

Este sentimiento de responsabilidad, además, es capaz de consumir una gran parte de nuestra energía emocional: nos hace sentir mal, nos inmoviliza, nos agota; tiene repercusiones a la hora de dormir, de alimentarnos, de relacionarnos con los demás…Y, lo peor de todo, ¡no nos permite volver hacia atrás para cambiar nuestra actuación y, de esta manera, librarnos de ella!

“Gran descanso es estar libre de culpa”, Marco Tulio Cicerón.

Por eso, dudamos antes de decir “no” a peticiones que los demás nos formulan, e incluso, tendemos a hacer lo que nos piden: porque no queremos volver a experimentar este sentimiento.

Pero, es importante que seamos conscientes de que si finalmente hacemos lo que los demás quieren, incluso cuando no estamos de acuerdo, volveremos a experimentar otras emociones o sensaciones, también desagradables, como:

  • Puede que cedamos ante lo que nos piden, pero terminemos enfadándonos con nosotros mismos o con los demás por ese mismo motivo: “Estoy furioso; mi compañero de trabajo siempre se sale con la suya. Termino haciendo su trabajo para que él se lleve todos los méritos”.
  • También podemos estar tristes, por ejemplo, al pensar que somos incapaces de hacer y decir lo que realmente queremos: “Nunca conseguiré decirle que no. Me siento mal porque siempre cedo y hago lo que ella me pide, cuando lo que prefiero hacer es otra cosa. Si no soy capaz de decir que no, no sé qué voy a conseguir en la vida”.
  • A veces podemos volvernos irritables cuando rumiamos una y otra vez acerca de por qué lo estamos haciendo: “Yo no tendría que estar aquí. Siempre acabo haciendo lo que quieren los demás. La próxima vez les diré que no. Siempre acaban haciendo conmigo lo que quieren. Ahora yo me estoy perdiendo lo que tenía planeado. Ahora mis amigos estarán de viaje y yo aquí…”.
  • Puede surgir cuando dudamos si hacer o no aquello que nos piden, o cuando fantaseamos en el día en el que plantemos cara y digamos que NO. Puede resumirse en miedo a las consecuencias el día que nos neguemos: “La próxima vez diré que no. Pero, ¿cómo se lo digo?, ¿se enfadará?, ¿y si deja de hablarme?, ¿y si habla mal de mí a los demás?…Mejor lo hago. Total, no me cuesta tanto”. Ante el miedo, puede que nos sintamos coaccionados porque si no lo hacemos tendrá repercusiones en la relación que tenemos con la persona en cuestión.
  • O de nuevo la culpa por dejar a un lado nuestras propias obligaciones e intereses por agradar al otro.

Por ello, el objetivo es lograr decir “NO” asertivamente, sin sentirnos culpables, ya que esto nos permitirá decidir sobre lo que realmente queremos hacer y sentirnos bien con la decisión que hayamos tomado.

¿Cómo podemos conseguirlo?

En primer lugar, tenemos que ser conscientes de que estamos en nuestro derecho: tenemos derecho a no hacer un favor, a no prestar la ayuda que nos demandan…

Una vez que sabemos que tenemos derecho a ello, tenemos que elegir si queremos llevarlo a cabo o no.

En segundo lugar, como para muchas otras situaciones, es imprescindible mostrar al otro que le estamos escuchando y comprendiendo.

Y, una vez que hayamos oído aquello que nos proponga, tenemos que sopesar, desde nuestra situación, qué es lo que queremos hacer. También puede ser útil sopesar costos y beneficios, y esfuerzo que requiere tanto para nosotros como para aquel que nos lo pide.

Seguidamente, debemos responder con aquello que pensamos.

Cuando decidamos que no vamos a llevar a cabo lo que se nos solicita, es preferible no empezar con el “NO”, aunque es necesario dejarlo claro: “Lo siento, pero no puedo”. O, aunque no es estrictamente necesario porque es nuestro derecho, podemos dar alguna explicación (más o menos breve) de por qué no vamos a realizar lo que se nos pide: “Lamento no poder ayudarte, pero este fin de semana tenía planeado otras cosas que hacer y no podré quedarme con tu hijo”.

Otras opciones que podemos tener en cuenta es la de negociar o llegar a acuerdos con respecto a lo que nos piden y expresar otras alternativas que queremos que tengan lugar.

Por último, tenemos que ser conscientes de que también es un derecho que tienen los demás, por lo que hay que evitar insistir en los casos en que nos digan “NO”, no sentirnos dolidos, ni hacer chantaje emocional.

Es muy importante evitar el chantaje emocional: “No he estado en el cumpleaños de Juan porque Lidia, que se lleva mal con él, me ha dicho que, como vaya, significará que la estoy defraudando y no podrá volver a confiar en mi”. Este tipo de comportamientos también generará emociones y sensaciones desagradables, por lo que tenemos que saber identificarlo y evitar llevarlo a la práctica con los demás y que lo lleven con nosotros.

Llegados  a este punto, ¿creéis que vais a ser capaces de decir que NO cuando algo no sea de vuestro agrado o tengáis otras prioridades?

Pilates: Un aliado frente a las lumbalgias

Como ya hemos hablado en artículos anteriores, la lumbalgia es la presencia de dolor en la región lumbar, entendiendo ésta como la zona mas baja de la espalda (donde comienzan los glúteos).

En nuestros días, a raíz del aumento de los problemas físicos, han surgido además de multitud de tratamientos clínicos, farmacológicos… gran cantidad de prácticas físicas, a modo de terapia, encaminadas a reducir, tratar o simplemente evitar problemas de salud y mejorar así la calidad de vida de los sujetos. Algunos ejemplos de este tipo de prácticas son el yoga, el Pilates, tai-chi, reiki, chi kung…

Entre los más demandados en la actualidad se encuentra el Pilates pero… ¿Cuáles son realmente las bases del mismo?, ¿qué beneficios nos aporta que no pueda proporcionarnos la medicación o el reposo?

Ante todo, debemos dejar claro que la práctica de Pilates es coadyuvante al tratamiento médico, el cual en caso de patología debe estar guiado por personal de la salud cualificado (fisioterapeutas, licenciados en actividad fisica y deporte…) y siempre bajo la supervisión de un médico traumatólogo, quien autorice la actividad asegurando que el paciente se encuentra en condiciones optimas para realizarlo.

El Pilates plantea sus objetivos encaminándolos a la mejora de la postura, de la condición física y de la salud en general y particularmente, a la mejora de algunas zonas o patologías, como pueden ser los problemas posturales o los desequilibrios musculares a nivel de la columna.

¿EJERCICIO O REPOSO?

Varios estudios, evidencian que los efectos del ejercicio físico representan más un beneficio que un riesgo en relación a los problemas de la zona baja de la columna vertebral, por lo que el ejercicio sería una herramienta útil para mejorar las dolencias de esta zona. Se recomienda la realización  de actividad física puesto que se ha demostrado que nos ayuda a retomar las actividades cotidianas de una forma más eficaz, rápida, fácil y económica. En cambio, el reposo se ha visto que no es recomendable o debería de ser lo más breve posible, puesto que pueden aparecer factores de riesgo como la pérdida de fuerza y la atrofia muscular, las cuales retrasan la recuperación y agravan la dolencia.

¿QUÉ ES PILATES?

 El método Pilates es un tipo de entrenamiento global basado en el control físico y mental. Sus principales objetivos son fortalecer y estirar la musculatura, equilibrar y controlar los movimientos corporales durante la ejecución de los ejercicios, buscando la transferencia de dicho control a las actividades cotidianas.

Las características más destacadas del Pilates son:

  • Trabajo del cuerpo y la mente como una unidad.
  • Importancia de la Conciencia corporal, la cual se adquiere por un trabajo de autopercepción y de control postural, que desarrollan los órganos propioceptivos.
  • El control detallado de la respiración para el fortalecimiento del core y la mejor oxigenación del cuerpo.
  • Trabajo de core, quizá el aspecto más trascendental del Pilates, el cual estará encaminado a la mejora de los músculos estabilizadores del tronco, buscando su tonificación. Para ello será importante la calidad de ejecución y el control postural lo que facilitará la reeducación postural, además provocará una descompresión articular disminuyendo la erosión y el estrés óseo.
  • El hecho de que el dolor lumbar disminuya esta relacionado con el trabajo muscular. El músculo transverso del abdomen, se encuentra en la parte anterior del cuerpo y actúa como “faja  anatómica”, dando sostén y equilibrando todas las fuerzas que se unen en este punto corporal, evitando así el aumento de la curva lumbar. Este aumento de la curva, provoca una alteración en la distribución de cargas, sobresolicitando la musculatura y provocando dolor.

¿CÓMO REALIZARLO?

Los principales ejercicios que se deben trabajar son aquellos que aumenten la fuerza, resistencia y flexibilidad de los músculos del área central del tronco y a poder ser realizarlos de forma frecuente y durante un periodo largo de tiempo. Para conseguir una practica efectiva, como hemos  mencionado anteriormente, lo ideal seria dejarnos en manos de un profesional con formación en patologías y en Pilates. En este punto entra en juego la figura del fisioterapeuta.

Una rutina de 2 horas a la semana, en un periodo de 5 meses seria una práctica efectiva para la disminución del dolor.

Además de las mejoras físicas, esta implicación activa ayuda también a la reducción de los niveles de ansiedad y de síntomas depresivos a consecuencia de dicho dolor lumbar. Es principal tener una actitud activa frente a la patología ya que esta sencilla practica puede proporcionar grandes mejoras.

 

Bibliografía

  1. Dolores Moreno Antequera, Isabel María Bueno García, José María Muñoz Manzaneda Educar  a través del deporte: Mito o Realidad, 173, 2016
  2. Daniel Cuesta Mateos ,José Antonio Robles Tascón .Mejora De La Condición Física Mediante Un Programa De Pilates Terapéutico En Personas Con Y Sin
  3. Melina Breccio, “Eficacia Del Método Pilates Como Tratamiento En La Lumbalgia Crónica” Departamento De Metodología De La Investigación. Universidad Fasta – Facultad De Ciencias De La Salud. Licenciatura En Kinesiología.
  4. Soriano, M. L. (2011). El Método Pilates Como Coadyuvante En El Tratamiento De Las Lumbalgias. International Journal Of Sport Sciences, 1(2), 129-142.

PROPÓSITOS PARA EL AÑO NUEVO

Es muy común que al comenzar un nuevo año nos propongamos nuevas metas y objetivos para cumplir durante los 365 días que están por venir. En este caso, 366.

Para muchos es, incluso, una tradición; al igual que hacer el balance de los que hemos sido capaces de conseguir el año anterior. Y, al reflexionar sobre los objetivos conseguidos los años anteriores, también prestamos atención a aquellos que no pudimos lograr, o, al menos no al nivel que nos habíamos exigido.

Ante esto, solemos hacer dos cosas:

  1. Rendirnos y pensar que no los conseguiremos nunca, debido al cúmulo de frustración e incapacidad que hemos ido generando año tras año.
  2. Volver a apuntarlo en nuestra lista de propósitos, pero con un nivel de exigencia aún mayor, y con connotaciones mucho más estrictas.

No solemos tener en cuenta que hay más salidas. Una de ellas es:

Volver a apuntarlo en nuestra lista después de un período de reflexión, teniendo en cuenta aspectos como:

  • ¿Cuál es mi punto de partida?
  • ¿En qué me estoy enfocando?
  • ¿Qué es lo que me está impidiendo cumplirlo?
  • ¿Qué hice el año pasado que me ayudó con este objetivo?
  • ¿Qué fue lo que no me ayudó? ¿Cuáles son mis limitaciones y dificultades?
  • ¿Qué formas hay de gestionar aquellas cuestiones en las que tengo dificultades?
  • ¿Qué es lo que realmente necesito para lograrlo?
  • ¿Necesito ayuda/apoyos?

En este sentido, dos de los propósitos más repetidos, año tras año, son los de perder peso y hacer deporte. Sin embargo, suelen ser aplazados o pospuestos por diversos motivos: falta de motivación en algunos momentos del año, situaciones en las que las condiciones de trabajo y/o estilo de vida las sentimos incompatibles con dichos objetivos, falta de tiempo… Y, sobre todo, porque son objetivos muy generales y porque, para alguien que se esté iniciando en ellos, son muy difíciles de mantener durante todo el tiempo. No solemos definirlos en término concretos y flexibles, sino de forma utópica: sin dividirlos en pasos más pequeños, estableciendo fechas límite que me harán ir a “contrarreloj”, sin medir ni celebrar reposadamente cada uno de los progresos, etc.

Por ello, desde Grupo Médico López Cano, os proponemos que esos objetivos que os planteéis los desgloséis en metas más pequeñas y concretas, que os permitan observar los logros que vayáis consiguiendo y, sobre todo, que os hagan disfrutar del proceso, de forma que no hablemos de un propósito del año 2020, sino que procuremos que sea un propósito para siempre. No necesitaremos una fecha límite para ver si lo hemos conseguido, puesto que podremos ir comprobándolo día a día, semana a semana, o mes a mes.

Os dejamos aquí, a continuación, algunos ejemplos de pequeños pasos que podemos realizar para cumplir esos objetivos que solemos postergar:

  • Metas concretas y realistas que me acerquen al objetivo de hacer deporte:
  • Coger la moto o el coche sólo cuando es estrictamente necesario. Priorizar ir caminando al mayor número posible de lugares.
  • Buscar un rato al día, más o menos regular, en el que practicar algún tipo de ejercicio que disfrute.
  • Escoger alternativas de ocio que no sean sedentarias y me mantengan activo/a.
  • Utilizar más las escaleras y menos el ascensor.
  • Observar los pequeños logros que me aproximen al objetivo de perder peso:
  • Tener más energía.
  • Notar la ropa más cómoda y holgada.
  • Sufrir menos dolores (de cabeza, articulaciones…) y estar menos cansado/a.
  • Aprender a reconocer cuándo has comido suficiente y a detenerte cuando estás satisfecho/a.
  • Disfrutar del proceso en ambos objetivos:
  • Aprender nuevas y sabrosas recetas de cocina.
  • No pasar hambre.
  • Liberar tensiones y ansiedad acumulada.

Además, relacionado con estos dos objetivos descritos anteriormente, queremos proponeros otro objetivo en el que centrarnos: aprender a cuidar de ti mismo/a. Para ello, tenemos que prestar atención a:

El área física, en lo que se refiere a descanso, hidratación, alimentación variada y equilibrada, práctica de ejercicio físico…

El área emocional y psicológica, en lo que respecta a la expresión y gestión emocional, la asertividad, la atención a las propias necesidades y a nuestros propios derechos (a decir no, a no poder con todo, a descansar, a equivocarte, a cambiar de opinión…). En lo que se refiere a escucharnos, darnos tiempo para nosotros mismos, aceptarnos y querernos.

En conclusión, sea lo que sea lo que te propongas:

  • Empieza poco a poco. Se trata de iniciar el cambio, no de lograrlo de la noche a la mañana. Define un plan en el que vayas aproximándote paulatinamente a tu objetivo. Desglosa cada uno de los escalones que te acercan a la meta.
  • Date tiempo. No tienes prisa por llegar al objetivo, tienes el resto de tu vida. Seguramente que sea más importante lo que vamos a aprender en el camino que lo que vamos a cumplir.
  • Sé flexible. No podemos mejorar la salud a través de restricciones, imposiciones y obligaciones. Nos ayudará mucho más el cambio de hábitos que los planes rígidos e inamovibles.
  • Felicítate por los logros y disfruta del proceso. Que tu recompensa sea el sentirte bien y que tu día a día tenga sentido.

 

Y, por último, recuerda que el protagonista eres tú y tu bienestar.  Este año y siempre. ¡Feliz 2020!

INDICACIONES PARA LA GESTIÓN DE LOS EXCESOS NAVIDEÑOS

Las navidades suelen entenderse como una época del año de reencuentros, felicidad, festejos, nuevos deseos, esperanza, regalos… y, también, como una época de excesos. Los excesos en los que vamos a centrarnos en esta publicación son aquellos relacionados con la alimentación y las bebidas alcohólicas.

Hay que tener en cuenta que cada persona, según su historia de vida o según sus circunstancias personales actuales, vive estas fechas de una manera u otra. Y, aunque algunos entiendan la navidad en los términos expresados anteriormente, no para todos son fechas entrañables.

Lo que sí que podemos afirmar es que para aquellas personas que están pasando por un proceso de pérdida de peso no son unas fechas fáciles.

Por lo que, a pesar de que cada uno de nosotros está viviendo un momento diferente, un proceso de cambio distinto, y, sin obviar, la propia idiosincrasia; nuestra psicóloga quiere dejaros algunas indicaciones que pueden seros útiles en el transcurso de estas fiestas:

 

      1. Quítale todo el protagonismo de las fiestas a la comida y la bebida. 

  • Pon el foco de atención en otras cosas, diferentes a la comida, que también te sean gratificantes: recuerdos, luces, villancicos, reuniones familiares, reuniones de amigos, visita de belenes, regalos…
  • Tómate tiempo de descanso, desconecta de tu rutina: trabajo, colegio de los niños, clases extraescolares…
  • Disfruta de las personas que tienes cerca y de aquellas que solo ves en esta época del año.
  • Busca tiempo para hacer aquello que siempre pospones.
  • La comida es otro placer, no el único. Piensa que es el medio para que la gente se reúna y no el fin.

 

      2. Piensa en las celebraciones de navidad como días aislados: 24 y 25 de diciembre, 31 y 1 de enero.

A pesar de que hay veces que nos reunimos en días diferentes: comidas de empresa, otro tipo de reuniones, día de Reyes, etc.

  • Entre el 24 de diciembre de 2019 y el 1 de enero de 2020 pasan 9 días.
  • Entre el 1 de enero y el 24 de diciembre de 2020 pasan 357 días.
  • En porcentaje, estamos hablando de que más de un 97% del año NO es Navidad.
  • No te abandones porque sean muchos días.
  • Lo realmente importante es lo que has trabajado todo el año.
  • Lo realmente importante es lo que vas a seguir trabajando el año que viene.

 

    3. Recuerda que tu compromiso con tu salud y autocuidado es para siempre.

  • Piensa en tus propósitos de salud desde el presente.
  • Continúa con los hábitos que llevas tanto tiempo adquiriendo, no los dejes para después de las fiestas.
  • Si ponemos la perspectiva en el futuro dejamos de cuidarnos esperando que llegue el día “cero”, el día en que todo cambie. Pero no todo tiene que cambiar por completo, tenemos que aprender a ser flexibles, no a restringir todo para siempre.
  • Cambia el objetivo de “Ya el año que viene me cuidaré” por el de “Cuidarte hoy”.

 

     4. Prioriza el compromiso contigo mismo/a frente al compromiso con los demás.

  • Estás en tu derecho de atender a tus necesidades.
  • Estás en tu derecho de llevar tu propio proceso.
  • Estás en tu derecho de llevar tu propia evolución, por lo que es mejor no atender a comparaciones y valoraciones ajenas.
  • Estás en tu derecho de tomar aquello que tanto te gusta sin ser vigilado ni reprochado.
  • Estás en tu derecho de no querer más, a pesar de que los demás insistan.
  • Estás en tu derecho de que no se cuestione tu nueva forma de comer.
  • Estás en tu derecho de incluir opciones saludables en las reuniones familiares. Tú también eres una parte importante de tu familia.
  • Tienes derecho a acudir o no a un compromiso social.
  • Tienes derecho a decidir qué es lo mejor para ti.

 

      5. Deja a un lado el miedo a engordar.

  • Si subes de peso, no es algo inamovible y, por supuesto, no es un
  • En el peso influyen muchos factores.
  • El peso no es algo estable, fluctúa en función de muchas variables.
  • Continúa con tus hábitos y haz memoria de cómo han cambiado con respecto a navidades anteriores. ¡Eso sí que es un éxito.

 

      6. Come de forma consciente.

  • Disfruta de aquello que elijas comer. Hazlo despacio y con consciencia.
  • Escucha tus sensaciones de Hambre-Saciedad.
  • Si tienes hambre: Haz el mismo número de comidas que sueles hacer, incluso más.
  • Si sientes saciedad: No te fuerces y no atiendas a los juicios de los demás. Quizás solo tú y tu entorno más cercano entienda sobre tu nueva forma de comer.
  • Atiende a tu propia capacidad gástrica. A pesar de que disfrutemos de otro tipo de alimentos, considera las cantidades que estás acostumbrada/o a consumir para no encontrarte mal posteriormente.
  • Recuerda que, todo lo que hay en la mesa, tendrás oportunidad de comerlo en cualquier momento de tu vida.
  • Escucha si te apetece o no. No te lo permitas ahora para prohibírtelo durante el resto del año.

 

      7. Sé autocompasivo.

  • Si no hemos llevado a cabo aquello que habíamos pensado, no pasa nada. La próxima vez, ¡seguro que lo consigues!
  • Entiende las dificultades que se te presenten como parte del aprendizaje.
  • No eres juez/a con los demás, no lo seas contigo mismo/a.

 

     8. Recuerda lo importante que es ser flexible.

  • No te abandones.
  • No es un cuestión de épocas “buenas” o “malas”.
  • No es cuestión de “Todo o Nada”.
  • No es cuestión de fuerza de voluntad.
  • Es cuestión de hábitos.
  • Eres perfectamente capaz de continuar con tus hábitos.

 

Esperamos que os sean de utilidad.

Para despedirnos, queremos desearos una ¡¡¡¡¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo!!!!!

EMBARAZO Y LUMBALGIA

El embarazo es un periodo de muchos cambios anatómicos y fisiológicos, ya que la mujer alberga en su interior al feto y, para ello, necesita someterse a adaptaciones corporales y hormonales.

El dolor lumbar es considerado la complicación más frecuente en el embarazo. Más de dos tercios de las mujeres embarazadas lo experimenta y suele empeorar con el avance del proceso, interfiriendo con el trabajo, las actividades cotidianas y el sueño.

¿Cuál es la causa?

Durante el embarazo, habitualmente la mujer gana entre unos 11 y 15 kilogramos de peso, lo que provoca un cambio en el centro de gravedad del cuerpo, así como experimenta cambios en la columna vertebral y la pelvis. El centro de gravedad es el punto que representa el eje del peso del cuerpo u objeto, que, a su vez, es el punto donde todas las partes se equilibran.

Cambios fisiológicos del cuerpo de la mujer

Existen varios cambios importantes que pueden producirse:

  • Aumento del peso soportado por algunas articulaciones hasta el doble más.
  • La pelvis se inclina hacia delante, utilizando más la musculatura extensora de la cadera, la musculatura de la cara externa del muslo y la musculatura flexora plantar.
  • El aumento del perímetro abdominal provoca un desplazamiento anterior del centro de gravedad, aumentando la curva lumbar y cervical.
  • Este aumento de curva provoca mayor laxitud en los ligamentos de la columna, haciendo a la musculatura más propensa a lesionarse.
  • Aumenta la movilidad de las articulaciones de la cadera y del pubis, como preparación para el paso del feto a través del canal del parto.

El acumulo de líquido

La cantidad mínima de agua adicional que acumula el cuerpo de la mujer a lo largo del embarazo es de 6,5L, demostrándose en la aparición de edema blando en los tobillos y piernas, sobre todo al final del día. Esta retención de fluido, se produce también a nivel del tejido conectivo de la columna vertebral y pelvis, aumentando la laxitud de estas articulaciones, lo que podría provocar dolor.

¿Cómo se presenta?

La presentación clínica puede ser muy variada, normalmente de intensidad moderada, pero también pueden aparecer de forma severa e incapacitante.

La aparición del lumbago puede aparecer en cualquier momento del embarazo, aunque es más frecuente que comience a partir de la semana 18, apareciendo la máxima intensidad entorno a la semana 24 y 36.

Normalmente, el dolor se produce en la región sacra y glútea, dolor que puede moverse a lo largo del transcurso del embarazo. Es un dolor sordo de intensidad fluctuante, la cual disminuye una vez se da a luz.

¿Qué podemos hacer para evitarlo?

El colegio americano de obstetricia y ginecología sugiere algunos consejos con los que se puede llegar a evitar la lumbalgia en embarazadas:

  • Utilizar zapatos con un buen apoyo para el arco. Es decir, evitar zapatos planos y zapatos de tacón.
  • Es importante que el colchón donde descase la futura madre sea firme, para garantizar el descanso de toda la columna.
  • Para levantar cualquier objeto, flexionar las rodillas, intentando evitar la extensión de tronco.
  • Procurar sentarse en sillas que posean un buen respaldo o colocar en la espalda baja una almohada.
  • Dormir de lado, utilizando almohadas entre las piernas o debajo del abdomen.
  • Actividad física regular, lo cual fortalece la musculatura y disminuye el riesgo de padecer lumbalgia. El ejercicio físico, además de constituir una medida preventiva, es útil en la lumbalgia ya instaurada, destacando el ejercicio acuático como el mas efectivo.

GENTE TÓXICA

Hoy queremos compartir con vosotros una publicación de nuestra psicóloga, Irene Arroyo Quirell, en la que nos habla sobre la “gente tóxica”.

Actualmente, es común oír hablar, en un lado y otro, sobre este tipo de personas. Sin embargo, puede haber situaciones en las que prejuzguemos el comportamiento de alguien, sin pararnos a pensar en los motivos que hayan podido precipitarlo. Por ello, consideramos que es importante aprender la diferencia entre “personas tóxicas” y “relaciones tóxicas”, y, en este sentido, os daremos algunas pautas de actuación y comportamiento para situaciones en las que identifiquemos tanto uno como otro concepto:

Es frecuente que utilicemos esta expresión para definir a personas que:

  • Están todo el día quejándose.
  • Critican a los demás.
  • Son manipuladoras y mentirosas.
  • Se relacionan con aires de superioridad, desprestigiando continuamente a aquel que tienen al lado.
  • Son envidiosas.
  • Asumen papeles de “víctima”.
  • Pasan tristes la mayor parte del día.
  • Culpabilizan a los demás y no se hacen responsables de sus propias acciones.

 

Por ello, nos roban nuestra energía, nos agotan, etc.

Pero, si lo pensamos bien, ¿quién no ha llevado a cabo, en algún momento de su vida, algunos de estos comportamientos?

Puede que haya situaciones en las que nos comportemos de alguno de los modos descritos con anterioridad:

  • Nos hemos quejado cuando ha ocurrido algo que ha arruinado nuestros planes. Por ejemplo: Teníamos pensado ir el fin de semana a la nieve pero nos hemos lesionado y tenemos que guardar reposo.
  • Hemos criticado a personas que nos han hecho daño de alguna manera.
  • Nos hemos mostrado irritables por razones que los demás desconocen, y eso ha hecho que nos comportemos de forma agresiva y descalificadora.
  • Puede que hayan tenido lugar circunstancias específicas en las que nos hemos creído más que otra persona.
  • Nos sentimos tristes y pesimistas en determinadas etapas de nuestra vida (ruptura de una pareja, pérdida de un empleo, enfermedad o muerte de un ser querido…).
  • Y, ¿quién no ha mentido alguna vez?

 

En cualquiera de estos supuestos, nuestra conversación puede resultar agotadora para aquel que nos acompañe.

Y, según esto, parecería que resulta demasiado fácil ser una “persona tóxica”. Pero, ¿sería entonces justo que todos tuviéramos esta etiqueta?

Etiquetar a alguien no suele traer ventajas, en ningún caso. Esto es así porque somos personas susceptibles al cambio:

  1. Podemos ser personas encantadoras que están pasando una “mala racha” por motivos personales y conocer a alguien en estos momentos.

Esa persona puede tacharnos de “negativa”, “tóxica”, “agresiva”, etc. Y, además, podría trasladar su opinión a sus familiares y amigos que, a su vez, pueden hacer lo mismo.

Con ello, lo único que conseguimos es crear juicios equivocados sobre gente que puede, incluso, asumir ese papel hasta terminar mermando sus relaciones por haber mantenido una determinada conducta durante un mal momento.

  1. También puede ocurrir al revés. Puede que en el pasado nos hayamos comportado de forma equivocada con ciertas personas, seamos conscientes de ello, decidamos cambiar y, si lo necesitamos, busquemos ayuda para conseguirlo.

De hecho, ¿no pensáis que hay personas de las que, si las hubierais conocido en otro momento, tendríais una percepción distinta? Y, por supuesto, ¿no hay personas que tendrían una percepción distinta de nosotros si nos hubieran conocido en otras circunstancias o contextos?

Seguramente, sí. Porque cambiamos en función del momento de la vida en el que nos encontremos, del lugar en el que estemos, de por quién estemos acompañados, del rol que estemos desempeñando e, incluso, del momento del día en el que nos situemos.

Entonces, ¿qué hay de aquellas personas que son posesivas, falsas, envidiosas y que tienen la intención de hacernos sentir mal? ¿Y aquellas que disfrutan con el mal ajeno?

Lo cierto es que también existen personas de este tipo. Pero, en función de la situación de cada uno de ellos/as serán “posesivos” y/o “falsos” y/o “envidiosos” y además, tendrán o no la intención de hacernos sentir mal y/o disfrutarán o no viéndonos sufrir.

Sin embargo, estas personas no serán tóxicas por sí solas. “Ser tóxico” no es ninguna categoría ni diagnóstico. Aunque hay que tener en cuenta que la relación que mantengamos con ellas, sí puede convertirse en dañina para nosotros.

Esto es así porque la mayor parte de la problemática que presentamos está determinada por el entorno en el que vivimos. Un entorno en el que convivimos con muchas otras personas más. Y es con las relaciones que mantenemos con ellas donde pueden surgir los conflictos.

En este escenario, es mucho más fácil acusar a alguien de ser “tóxico” por cualquier suceso (ya sea aislado o repetido) que asumir nuestra propia responsabilidad sobre la forma en que nos relacionamos con él/ella.

 

¿Cómo podemos actuar?

Una vez que sepamos que existen todo tipo de personas, tenemos que aprender a poner límites. Sobre todo con aquellas que no nos gusten, con las que veamos que son constantemente criticonas, posesivas, envidiosas (no sólo con nosotros, sino con los demás); con las que veamos que sean egoístas, egocéntricas; con las que no se preocupen de nosotros, ni se alegren de nuestros triunfos; o con aquellas que suelan ser agresivas verbalmente y déspotas.

En estos casos, será el tiempo el que diga si tuvieron un mal día, si pasaban por un mal momento o si eligen ser de esa determinada manera.

Porque, al fin y al cabo, tenemos que relacionarnos con todo tipo de personas.

En muchas ocasiones no podemos elegir a las personas con las que tratamos a diario: son nuestros compañeros de trabajo, de piso, nuestros vecinos, los amigos de nuestros amigos, nuestros familiares… Pero sí podemos elegir a aquellas personas con las que establecemos vínculos.

 

Nuestros consejos, al respecto, son:

  1. Seamos amables con todo aquel que nos relacionemos, pues no sabemos las circunstancias en las que vive y el motivo por el que puede comportarse de determinada manera.
  2. No utilicemos etiquetas para catalogar cómo son las personas que nos rodean y tratemos, en su lugar, de definir la relación que queremos tener con ellas
  1. ¡Establezcamos vínculos con quien nos ame, nos acepte tal y como somos, nos aporte cosas buenas, disfrute de nuestros éxitos y nos ayude en nuestros fracasos!

 

Recuerda que esta publicación también la podéis encontrar en http://www.quererseespoder.com/gente-toxica/

 

¿QUÉ ES LA EPICONDILITIS O CODO DE TENISTA?

El famoso codo de tenista o de golfista, es una patología que trae de cabeza tanto a los profesionales de la salud como a los pacientes. En este artículo, vamos a acercarnos un poco a esta patología, así como a sus causas y tratamiento.

 

¿Cómo podemos definirla?

La epicondilitis se define como un proceso degenerativo que aparece en la cara más externa del codo (epicóndilo), debido a un uso repetitivo de la musculatura que se inserta en esa misma zona¹.

Se describe como la inflamación de la inserción del tendón común de los músculos extensor radial del carpo y del extensor común de los dedos³.

 

¿Por qué ocurre?

Dicha musculatura es aquella que se encarga de la flexión dorsal de la muñeca principalmente, por lo que la principal causa de aparición de esta patología será la repetición de dicho movimiento, el cual normalmente acontece en el brazo dominante¹²³.

Este concepto se basa en la teoría de que cada repetición de alguna actividad produce un nuevo trauma, dando como resultado la afectación de la estructura¹.

Normalmente, dicha flexión de muñeca se asocia a la ocupación laboral, por lo que es muy frecuente ver esta patología en profesionales de la peluquería, la hostelería…etc³. El codo de golfista tiene una prevalencia del 4 al 7% de la población y es más frecuente entre los 30 y los 50 años de edad¹².

Existen estudios sobre la vascularización de los tendones que se insertan en el epicóndilo, que indican que la irrigación de esa zona es menor que en las zonas circundantes, haciéndola más vulnerable a los microdesgarros secundarios a traumatismos repetitivos, con lo que genera una reparación inadecuada que, a largo plazo, desencadena un dolor crónico¹.

Aunque el dolor suele encontrarse en el codo, cuando la epicondilitis alcanza un grado considerable podemos encontrar dolor irradiado por todo el brazo¹.

 

¿Cómo podemos identificarla?

Hay varios signos que nos ayudan a identificar la epicondilitis. Los pacientes suelen referir dolor en la cara lateral del codo que puede irradiarse al tercio más cercano a la cabeza del antebrazo, sensación de debilidad en los agarres y debilidad para levantar objetos, sobre todo con la muñeca extendida². También encontraremos diversos signos que nos ayudaran al diagnóstico:

En primer lugar, la presión sobre la cara lateral del codo será dolorosa, debido a la inflamación de la zona. También podemos evidenciarla realizando una flexión dorsal resistida de muñeca, con la cual pondremos en evidencia la inserción de la musculatura afecta, así como también podemos realizar el movimiento contrario, colocando la musculatura en estiramiento para así tensar de nuevo dicha inserción.

Estos tres signos nos acercaran a la sospecha de la presencia de una epicondilitis, la cual siempre deberá ser diagnosticada por un médico traumatólogo, el cual realizará un diagnóstico diferencial con otras patologías para descartar cualquier otra opción, ya que, en ciertos casos, la cirugía toma un papel determinante1.

En nuestros días supone una gran demanda asistencial¹³, ya que en un 90% de los casos su tratamiento dependerá del departamento de fisioterapia, el cual se basará en:

  1. Cese o disminución de la actividad.
  2. Aplicación de medios físicos considerados por el médico y el fisioterapeuta en un trabajo multidisciplinar.
  3. Corrección de anormalidades biomecánicas.
  4. Aumento de la fuerza, flexibilidad y resistencia.

 

Fuentes:
1. Chaustre Ruiz, Diego Mauricio Epicondilitis lateral: conceptos de actualidad. Revisión de tema Revista Med, vol. 19, núm. 1, enero-junio, 2011, pp. 74-81 Universidad Militar Nueva Granada Bogotá, Colombia.
2. Dr. Enrique Vergara-Amador,I Dra. Kinsthmena Andrea Ardila Buitrago,I Dr. Luis Fernando Calixto,Fundamentos anatómicos de la epicondilitis lateral. Revista Cubana de Ortopedia y Traumatología 2011;25(2):149-158.
3. Zamudio-Muñoz, Laura Angélica; Urbiola-Verdejo, Marcos; Sánchez-Vizcaíno, Pedro Miguel Factores sociodemográficos y laborales asociados con epicondilitis lateral de codo Revista Médica del Instituto Mexicano del Seguro Social, vol. 49, núm. 1, 2011, pp. 59-64 Instituto Mexicano del Seguro Social Distrito Federal, México.

CÓMO EVITAR QUE NUESTRAS EMOCIONES Y LA TRISTEZA NOS HAGAN COMER

Al hilo de la publicación anterior donde hablábamos de cómo actúa la emoción del miedo en nuestra forma de comer y, más en concreto, en el sobrepeso; vamos a ver ahora cómo interviene la tristeza, según la opinión de Stéphane Clerget en su libro Sobrepeso emocional, en este mismo proceso.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la tristeza, muchas  veces se enmascara con otras emociones como ira, irritación, tensión, hostilidad, vergüenza, inseguridad, incomprensión, confusión, desamparo, nostalgia, melancolía, frustración… E, incluso, nos lleva a comportamientos propios de otras dolencias: reposo, sueño, aislamiento…

Por esto, en primer lugar, es necesario entender en qué consiste esta emoción. Así es como la autora nos define la tristeza:

“La tristeza es una emoción simple y pasajera, aunque también puede convertirse en duradera. Atestigua una falta o pérdida, ya sea real, imaginaria o simbólica. Se puede haber perdido a un amigo, a un animal, un trabajo, una ilusión, un ideal, o simplemente, y de manera provisional, las propias energías.

Evidentemente, también se puede estar triste sin saber por qué, y sentir una carencia afectiva sin saber precisar a qué se debe. Entonces es importante escarbar en el fondo de la propia tristeza para encontrar allí sus causas, ya sean recientes o antiguas, puesto que una tristeza actual, provocada por un acontecimiento cualquiera, puede, de hecho derivarse de una tristeza más antigua que se ha despertado”.

Por otro lado, según el diagnóstico de trastornos depresivos por el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales): “El rasgo común de todos estos trastornos es la presencia de un ánimo triste, vacío o irritable, acompañado de cambios somáticos y cognitivos que afectan significativamente a la capacidad funcional del individuo”.

 Uno de los síntomas de los trastornos depresivos es la pérdida importante de peso  o el aumento de éste. Con lo cual puede cursar tanto con disminución del apetito como con sobreingesta.

La autora lo relaciona con la sobreingesta según lo siguiente:

“La persona triste buscará en el alimento consuelo y calor, para compensar el calor humano que necesita. Desplazará su búsqueda afectiva a los alimentos que decide comer. Y entonces el alimento reemplaza al afecto. El repliegue sobre uno mismo que la tristeza implica favorece un menor gasto energético. La acumulación de grasa como reacción a un estado de tristeza prolongada no es constante, pero es una de las respuestas emocionales del cuerpo, que expresa simbólicamente la necesidad de ser envuelto, arropado y protegido”.

 Por ello, viendo la estrecha relación que guarda la tristeza con este comportamiento alimentario, es tan importante saber qué hacer con esta emoción:

“Nuestra sociedad actual es poco tolerante frente a esta clase de emociones, aún cuando estén objetivamente motivadas (pérdida de empleo o ruptura amorosa) y lleven al individuo a enmascararlas.

De hecho, algunos creen que el mejor modo de luchar contra su tristeza consiste en hacer como si no existiera. La reprimen. Dejan entonces de lado este sentimiento sin permitirle expresarse, y de ese modo se engañan, ya que entonces la tristeza corre peligro de manifestarse de modo inesperado e inadecuado, como con risas descontroladas en un entierro o llantos sin razón en momentos que normalmente no son tristes.

Además, una tristeza que se mantenga reprimida demasiado tiempo puede generar sobrepeso emocional.

 En conclusión, es muy importante empezar a validar todas las emociones ya que todas tienen su utilidad, incluso la tristeza. O, mejor dicho: sobre todo la tristeza.

 “A veces, la tristeza hay que buscarla para sacarla a la luz y evitar su pernicioso impacto sobre el peso. Cuando uno está triste y ha encontrado la razón de ello, puede permitirse que sus lágrimas se derramen libremente. Sobre todo, no retenga nada, ya que, si no, cualquier cosa se transformará en kilos de más. Compadézcase a sí mismo: ello le evitará buscar consuelo en los alimentos; y confíe en el futuro”.

 Con ello, volvemos a la misma conclusión que con el miedo. No se trata de luchar contra él. De hecho, si ya hemos probado luchar contra él y no hemos obtenido el resultado que esperábamos, ¿por qué no probamos algo distinto?

“Así pues, el medio de abandonar la tristeza consiste en dejar que se exprese, en buscar sus orígenes actuales y pasados, en consolarse como si estuviera consolando a un amigo, y en utilizar cada parcela de energía positiva conservada o resurgida para dirigirse hacia aquellos pensamientos, acciones y personas que son fuentes potenciales de mejora de nuestra situación y bienestar”.

¿Y si en lugar de esconder o evitar sentirnos tristes, nos dejamos sentir esa tristeza para aprender de ella? Desde Grupo Médico López Cano os animamos a ello.

CÓMO EVITAR QUE NUESTRAS EMOCIONES Y EL MIEDO NOS HAGAN COMER

Como ya sabemos y hemos visto en otras publicaciones, el sobrepeso y la obesidad no proceden únicamente del cuerpo en relación “kilocalorías consumidas frente a kilocalorías gastadas”, sino que hay una importante implicación a nivel mental y emocional en los diferentes comportamientos alimentarios que llevamos a cabo.

 

Por ello, en las próximas publicaciones, nuestra psicóloga Irene Arroyo Quirell va a hablarnos de algunas de esas emociones que se ven involucradas en nuestra ingesta apoyándose en el libro Sobrepeso emocional, de la autora Stéphane Clerget, en el que trata el tema de cómo la emociones pueden hacernos comer más de lo debido.

 

Lo primero que tenemos que hacer es conocer cuáles son esas emociones. La autora de Sobrepeso emocional expone nueve como aquellas que considera más importantes a la hora de que nos empujen hacia la cocina o la nevera. Estas son el miedo, la tristeza, el hastío, la ansiedad, la cólera, los celos y la envidia, el remordimiento y el arrepentimiento, el sentimiento de vacío y la alegría.

 

En primer lugar vamos a hablar del miedo. En una de las publicaciones anteriores hablamos de esta emoción y la distinguimos de la ansiedad. Pues bien, ya sabemos que el miedo sucede ante la presencia de un peligro y que éste cumple una función adaptativa: nos protege y nos hace actuar con cautela ante determinadas situaciones. Pero, ¿y si ese miedo que experimentamos tiene lugar de forma permanente? O por el contrario ¿y si nunca tenemos miedo?

 

La ausencia total de miedo es muy peligrosa puesto que nos expone a asumir todo tipo de riesgos y, por otro lado, el exceso de miedo (en intensidad o duración) puede llevarnos, según la autora, a un sobrepeso emocional:

 

“Un fondo continuo de miedo, o los accesos de miedo repetidos, favorecen la producción de sobrepeso emocional. Y ello porque la ingesta alimentaria (a la que eventualmente se asocia la ingesta de alcohol, utilizado desde la noche de los tiempos como ansiolítico) es un medio para calmar la angustia, que es la percepción física del miedo”.

 

Además, nos explica cómo actúa el miedo sobre el peso:

 “Entre todos los miedos, teóricamente el miedo a engordar debería hacer perder kilos. Pero, como todo miedo, también puede inducir un sobrepeso emocional, además de comportamientos alimentarios inadaptados, dado que el miedo no es mejor consejero que la cólera”.

 

Hay miedos que intervienen directamente en el comportamiento alimentario impulsando a alimentarse en exceso o, por lo menos, a no perder peso. Se trata de miedos asociados a pensamientos erróneos, anclados en el psiquismo. He aquí algunos ejemplos: el miedo a ser seductora si se adelgaza, asociado al temor a rivalizar, por ejemplo, con una hermana, o al temor a tener un encuentro amoroso y sexual; el miedo a un adelgazamiento que desencadenaría un estado de mala salud como eco de las angustias de una madre nutricia; el miedo a desmayarse o a pasar hambre si no se come lo bastante; y por fin, como caso extremo, el miedo a morir de hambre”.

 

Lo que nos dice la autora sobre cómo trabajar ese exceso de miedo es lo siguiente:

“El mejor modo de desembarazarse del miedo es hacerle frente. Si le amenaza, enfréntese mentalmente a él. Para evitar tener miedo a quedarse solo, por ejemplo, acepte la idea; es decir, aprenda a vivir solo. Imagínese su distribución del tiempo, su ocio y sus nuevas prioridades. Se asombrará al constatar que la vida todavía puede tener sentido, que no corre un peligro tan grande, y que entonces ya no le será útil crear una presencia comiendo por dos. Además, ¿acaso no se ha sentido ya muy solo pese a estar rodeado de gente?”.

 

Por lo que, llegamos a la conclusión de que el miedo, como con el resto de emociones, puede ser tratado. Si le prestamos atención y trabajamos con él, en lugar de evitarlo y centrarnos en el comportamiento que desencadena, seremos capaces de conseguir el cambio que tanto deseamos.

 

Y a ti, ¿qué te da miedo?

 

Clerget, S. (2015). Sobrepeso emocional: Cómo librarse de él sin dieta ni medicamentos. Ediciones Urano.

PARTE I: LUMBAGO, CIÁTICA Y CÓMO COMPRENDERLOS

Juan es un hombre de 45 años. Llegó a la consulta de fisioterapia con dolor en la parte mas baja de la misma, el cual le apareció tras levantar una pesada caja una tarde  de  mudanza. Tras una consulta con su traumatólogo, éste fue diagnosticado de lumbalgia, pero…

¿Qué es realmente la lumbalgia?

La lumbalgia (también llamada ciática, lumbago…) se define según la Cooperación Europea de Ciencia y Tecnología como “aquellas sensaciones dolorosas o no confortables, localizadas por debajo de la 12ª costilla y por arriba de los glúteos, que pueden irradiarse hacia uno o ambos miembros inferiores”¹.

Es decir, según esta definición la lumbalgia es simplemente un síntoma, algo que percibimos que esta provocado por otro problema subyacente, el cual puede tener causas diversas.

Este dolor de espalda como muchos sabréis, no solo perjudica el bienestar físico, sino también el mental y social, ya que la persona que lo padece experimenta un descenso considerable de la calidad de vida que anteriormente tenía².

Este problema es mucho mas frecuente de lo que pensamos ya que 9 de cada 10 personas tendrá dolor lumbar en algún momento; sin embargo, es posible que ese evento se resuelva y no vuelva a presentarse³.

Muchos pacientes acuden a consulta con la siguiente duda; ¿porqué a mi amigo, familiar, compañero de trabajo…no le duele si tiene lo mismo que yo? Debemos tener en cuenta, que los enfermos con lumbalgia no pueden ser clasificados solamente en base los hallazgos encontrados en los rayos X o la resonancia magnética, ya que los síntomas de cada paciente dependen de la posición y de la actividad que realice cada uno4.

La mayoría de los episodios agudos (de aparición repentina y con menos de 4 semanas de tiempo de evolución) de lumbalgia inespecífica (que no tiene una causa aparente) se deben inicialmente al mal funcionamiento de la musculatura y posteriormente a un mecanismo neurológico, el cual desencadena y mantiene el dolor, la contractura muscular y la inflamación.

Cuando nos encontramos frente a un caso crónico (un dolor de mas de 3 meses de duración) se suman los problemas musculares y psicosociales, los cuales contribuirán a empeorar la patología y dificultarán la recuperación. La falta de actividad física provocará una perdida de coordinación y potencia muscular, viniendo la atrofia de la mano de los mismos. Esto provocará el empeoramiento de los síntomas, dando lugar al miedo al movimiento que terminará cerrando el circulo vicioso. Finalmente aparecen de forma inevitable los pensamientos catastróficos y las actitudes pasivas, llegando incluso a culpar a terceros de dicho mal5.

Esto se contradice con lo que comúnmente se piensa, ya que en caso de una lumbalgia inespecífica (que no tiene causa aparente tras estudio) el reposo esta contraindicado, debido a que debilita y atrofia la musculatura de la espalda, dejando a esta zona sin soporte alguno6.

Por ello, la mejor recomendación es mantener el mayor grado de actividad física que el dolor permita, y si en algún caso es necesario el reposo en cama, éste debe ser lo más breve posible y durar un máximo de 2 días, ya que se estima que cada día de reposo encama conlleva una pérdida del 2 % de la potencia muscular5.

 

Bibliografía

  1. Airaksinen, JI. Brox , C Cedraschi , J. Hildebrandt, J. Klaber- Moffett , F. Kovacs et al. European guidelines for the management of chronic nonspecific low back pain. Eur Spine J 2006;15:S192–S300.
  2. World Health Organization. Health Promotion WHO Press. Suiza.  1998:3.
  3. Covarrubias-Gómez. Lumbalgia:Un problema de salud pública. Clínica del dolor Vol. 33. Supl. 1, Abril-Junio 2010 pp S106-S109
  4. Gómez-Conesa, S. Valbuena Moya. Lumbalgia Cronica Y Discapacidad Laboral. Fisioterapia 27(5), 255-265, 2005
  5. Kovacs. Manejo clínico de la lumbalgia inespecífica. Semergen. 2002; 28: 1-3.
  6. Pérez Guisado. Contribución al estudio de la lumbalgia inespecífica Rev Cubana Ortop Traumatol 2006;20(2) Facultad de Medicina de Córdoba Córdoba, España