LO QUE ME GUSTARÍA DECIRTE

A continuación, os presentamos el relato titulado “Lo que me gustaría decirte”, realizado por nuestra psicóloga Irene Arroyo Quirell y galardonado con el primer premio del II Concurso de Relatos Cortos Imagen y Salud. Este concurso fue organizado por los Colegios Oficiales de Psicología de Andalucía Occidental y Oriental, a través de sus Fundaciones FUNCOP y FUNPSI; y ha tenido lugar en apoyo a la propuesta de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía de promover una visión positiva y saludable de la imagen personal y para la prevención de los Trastornos de la Conducta Alimentaria:

Todo parecía ir como un día cualquiera. Sonó su alarma por tercera o cuarta vez y ella, saltó de la cama como una bala, fue corriendo al baño, luego se vistió rápidamente y….¡llegó mi momento! O eso creía yo. Pero, parecía que iba tarde a la universidad, porque, en lugar del paseo de primera hora de la mañana, me abrió la puerta de la terraza para que hiciera mis necesidades.

Yo, por supuesto, prefería dar el paseo. Pero lo cierto es que me olvidaba enseguida. Además, ella no tardaba en volver a casa y, antes de comer, seguro que me sacaba.

En general, todo iba bien en aquella casa. Nos habíamos mudado hacía muy poco y cada dos por tres volvíamos al pueblo a visitar a la familia. Yo era más feliz allí, conocía a todos los perros de la zona, y tenía un jardín enorme para mi solito, pero no soportaría echarla tanto de menos. Menos mal que ella tampoco quería alejarse de mí.  Nos habíamos mudado porque ella, Sandra, estaba empezando su primer año de universidad. Quería ser veterinaria. Yo no sé qué es eso, pero apuesto a que conseguirá todo aquello que se proponga.

La casa era muy pequeñita, un pequeño estudio que ocupaban una chica extremeña de dieciocho años y un shar pei americano. La cocina estaba recogida dentro del salón y éste se comunicaba con nuestra habitación, el mejor lugar de la casa. Y no por la cama, ya que yo podía acomodarme en cualquier parte, sino porque tenía un enorme ojo de buey (como ella le llamaba) delante del cual pasaba las horas muertas mirando la bonita ciudad de Sevilla. Bueno, ahí y en la terraza.

Pero, lo cierto es que en la nueva casa todo empezó a volverse muy raro. Además, ella siempre estaba triste y enferma. Yo la veía vomitar casi a diario. Charlie, la chihuahua de su prima Ángela, me dijo que ella también pasó una época vomitando y empezó a hinchársele mucho la barriga hasta que llegó Alejandra, la humana pequeñita que la trae celosa perdida. ¿Sería eso? Y, bueno… ¿Cómo me sentaría a mí? Aunque pensándolo bien, a lo mejor así volvíamos a casa… Y así, me pasaba los días divagando frente a la gran ventana redonda mientras que Sandra estaba en clase.

A medida que corría el tiempo, yo comenzaba a ponerme nervioso, porque sabía que se acercaba el momento de coger el coche y volver a casa por unos días. Pero esa semana fue un poco especial: en primer lugar, porque ella seguía enferma y triste; además, se despertaba de mal humor, no me sacaba a pasear; y, sobre todo, porque andaba corriendo todo el rato de un lado a otro. ¿Por qué siempre los humanos se lo toman todo a la ligera? Debería descansar si está enferma, pensaba yo para mí.

Y, finalmente, esa semana se me hizo más larga de la cuenta. Aunque, uno de los días se levantó para dar un paseo conmigo. En ese rato, yo fui feliz. Estuvimos horas caminando, fuimos al parque y me compró unas galletitas que sabe que me encantan. Aunque no sé por qué siempre se me hace tan corto el tiempo.

Ya tenía que ser fin de semana. Ella seguía vomitando después de comer. Todo le sentaba mal. No sé si estaba embarazada o no, pero no podía seguir así. No podía estar enferma, porque luego se iba a correr y hacía las cosas de la casa. Siempre fue una chica muy aplicada, ordenada y limpia. Así que debe ser que le sentó mal algo de esta casa o de esta ciudad.

Después del paseo matutino, y tras llevarse horas estudiando, tuvimos visita de sus nuevas compañeras de facultad. No sé por qué será, pero les caí bien a todas y… ¡Eso me encanta! Tenía a cinco chicas acariciándome la barriga durante… ¡no sé! Yo soy un perro, no llevo la cuenta.

Parece que ese día estaba libre, debía ser sábado porque me daba en el hocico que se iba de fiesta con esas chicas y me esperaba una noche tranquila frente al gran ojo de la nueva ciudad.  Yo odio las fiestas. Hay mucha gente y mucho ruido. Pero esta fiesta no fue en casa, sino fuera, porque estuve solo toda la noche. Cómo para serlo, había dejado la casa patas arriba…todo el rato probándose ropa, peinándose, maquillándose, depilándose… ¿Por qué se cambiará de ropa una y otra vez? ¿Y de peinado? Y, al final, siempre se queda con lo primero que se probó. Todo lo demás por medio, con lo tiquismiquis que es cuando derramo un poco al beber agua.

Desde luego, estos humanos no saben disfrutar de una buena vida de perros. Pasan más tiempo intentando aparentar ser diferentes a lo que son, que siendo ellos mismos y aprovechándose de los cariños y arrumacos de aquellos que los quieren tal y como son.

Además, hay más motivos por los que no me gustan las fiestas. Sandra al día siguiente siempre está de mal humor. Normal, empieza la mañana subiéndose al tiesto ese que le pone tan furiosa… ¿Por qué lo hará si nadie la vigila? Yo pensé subirme con ella, para tratar de ayudarla con aquello que quisiera conseguir, pero su reacción me indicó que eso no fue buena idea: “¿Quieres matarme de un disgusto? Ni siendo un Yorkshire querría que te subieras… ¡vete, joder!”, – me dijo.

Yo no entendí nada. Pero me dolió mucho que me mirara con esos ojos. Estaban llenos de odio y, sobre todo, estaban llenos de miedo.

Bueno, lo cierto es que hubo una palabra que sí entendí: Yorkshire. ¿Querrá que adoptemos un hermanito o hermanita? Empecé a divagar de nuevo con vistas a la gran ciudad. Puede que sea eso… ¡un perrito para el bebé humano que viene en camino!, así yo seguiría con ella y el Yorkshire con el bebé. ¡Guay! Creo que así no me pondré celoso.

La siguiente semana continuó bastante peor, porque, a partir de ese momento, no hacía más que estar tirada en la cama o en el sofá. Se olvidaba de sacarme, de ponerme la comida, etc. Incluso ella tampoco comía nada. Hubo días que ni siquiera fue a la universidad.

Debe de estar muy enferma o muy embarazada, como dice Charlie. Aunque tras varios días parece que hoy vamos al pueblo. ¡Estoy muy feliz y nervioso de ver a papá y mamá! Bueno, y a Charlie, Bobbie, Nole, Neka, Willy… ¡No puedo esperar!

Al llegar al pueblo, papá y mamá se han mostrado muy preocupados por su aspecto. Parece que ha perdido mucho peso con eso de estar embarazada, ¿o enferma? No sé bien. No paran de hablar de anorexia, bulimia, gordura, michelines… Esta última palabra me suena. Ella me llama así muchas veces y le encanta. Eso no puede ser algo malo. Aunque la veo realmente preocupada, así que yo también estoy triste. Parece que es por su figura, dice que quiere ser más guapa y delgada.

Estos humanos… ¡Cuánto cuidan su aspecto y qué poco cuidan su buen humor y sus relaciones! ¡Tantas veces que se enfadan, discuten, se critican, no se hacen caso…!

Pero yo estoy contento de ser un perro. Porque sé que yo siempre me alegraré de verla e iré corriendo a saludarla, aunque sólo haya ido a por el pan. Y porque me da igual que esté maquillada o recién levantada, que esté depilada o llena de pelos, que esté en pijama o con ropa de fiesta y, por supuesto, que tenga dos o tres kilos más o menos. Yo a quien quiero es a Sandra, tal y como ella es. ¡Ojalá algún día entendiese que nunca estará tan guapa como cuando juega conmigo! ¡Ni como cuando acaricia a otro perro que acaba de conocer! ¡Nunca será tan bella como cuando es ella misma!

PERDONAR Y PEDIR PERDÓN

Nuestra psicóloga, Irene Arroyo Quirell, quiere compartir con vosotros una nueva publicación sobre por qué es tan importante perdonar y pedir perdón. Esto es así, porque muchas veces pagamos con la comida aquello que no verbalizamos o no nos atrevemos a decir a los demás. Al igual que nos tragamos nuestras emociones y buscamos esa satisfacción o placer con la comida para enmascarar diferentes emociones que sentimos desagradables.

Pedir perdón es, junto con dar las gracias y decir “hola” o dar un beso para saludar, una de las primeras acciones sociales que suelen enseñarnos nuestros padres cuando somos pequeños.

A esta edad es fácil. Parece que no nos cuesta pedir perdón cuando rompemos algo de algún familiar, cuando le damos un golpe a nuestro/a hermano/a mientras jugamos, cuando cogemos algo sin permiso, etc. En definitiva, cuando le hacemos daño a alguien que queremos.

Por otro lado, cuando somos niños también perdonamos con la misma facilidad con la que pedimos perdón. Al hilo de los anteriores ejemplos: Tratamos de arreglar lo que nos rompieron y “aquí no ha pasado nada”, seguimos jugando con nuestro hermano a pesar de habernos llevado algún golpe, dejamos prestado lo que se cogió sin permiso

Pero, a medida que crecemos, todo esto se complica. Parece que nos resulta más difícil tanto pedir perdón a los demás como perdonarlos a ellos. Parece que tuviéramos menos derecho a cometer errores. Parece que consintamos cada vez menos el hecho de que los otros también puedan equivocarse. Y esto ocurre, sobre todo, porque cada vez tiene más peso nuestra parte emocional, que en la mayoría de las ocasiones es la que más dolor genera y la que, a menudo, induce a que no perdonemos cuando nos hieren, ni pidamos perdón cuando hacemos algo mal.

De hecho, puede que, en ocasiones, nos volvamos más orgullosos y rencorosos, no reconozcamos nuestras propias responsabilidades, disfracemos lo sucedido y pongamos excusas, culpabilicemos a los demás de nuestros propios errores, esperemos que los otros den el primer paso, nos avergoncemos, miremos hacia el lado opuesto al problema, dejemos pasar el tiempo esperando que se solucione sin poner de nuestra parte, etc.

Todo ello, nos generará menos dolor a corto plazo, pero finalmente, puede que nos haga renunciar a algo maravilloso (con un amigo/a, con un hermano/a, con tu padre o tu madre, con tu pareja, con tu compañero/a de piso o de trabajo…). Y, en su lugar, nos introduzca en una dinámica de rencor y odio, o de indiferencia, hacia la otra persona o hacia nosotros mismos. Y es mejor desprenderse tanto de una cosa como de la otra.

¿Qué podemos hacer?

En primer lugar, tenemos que estar dispuestos a aceptar que nuestras decisiones pueden hacerle daño a los que nos rodean, ser conscientes de que cometemos errores y que esos errores tienen consecuencias, a veces, devastadoras para los demás.

A partir de que reconozcamos las repercusiones de nuestros actos en los demás, podremos anticipar el sufrimiento que puede generar en el otro y ponernos en su lugar: ¿Cómo puede sentirse él sí…?, ¿Cómo me sentiría yo si fuera ella quien hiciera algo así?

Esto nos ayudará a tomar la decisión de realizar o no el hecho en cuestión, prestando atención a los “pros” y a los “contra” de llevarlo a cabo. Siempre que todo esto ocurra sin que tengamos la intención de hacer daño a alguien.

Pero ¿y si ya hemos cometido el error? ¿Y si ya nos han hecho daño?

Puede ocurrir que, en lugar de anticipar, nos demos cuenta del daño causado a posteriori.

En estos casos es necesario saber que todos cometemos errores, con más o menos frecuencia y/o con mayor o menor impacto en nuestro alrededor. Pero es algo que hacemos todos y cada uno de nosotros. Y cometer errores forma parte de nuestra experiencia de vida. Los errores nos hacen aprender mucho de nosotros mismos, y sobre todo, nos enseñan cómo comportarnos ante situaciones similares y qué cosas no queremos que vuelvan a ocurrir.

Es aquí cuando cobra importancia el hecho de perdonar y de pedir perdón: Una vez que somos conscientes del error cometido por el otro. Una vez que somos conscientes de nuestros propios errores. Cuando hemos diferenciado que es un hecho puntual y no un continuo. Cuando pedimos perdón y cuando perdonamos de verdad.

Perdonar es aceptar, de corazón, que la persona se ha equivocado (y/o que nosotros mismos nos hemos equivocado), que no ha hecho las cosas de la mejor manera, que no ha actuado como debería…y, sobre todo, que también nos podría haber pasado a nosotros.

Y, ¿qué ocurre si no perdonamos a alguien que nos haya hecho daño? o ¿y si es el otro quien no quiere perdonarnos?

Saber perdonar es tan importante como el pedir perdón, pero es cierto que puede que alguien decida no hacerlo con nosotros o que nosotros mismos no aceptemos el error cometido por el otro.

Para esos casos, sólo queda reinvertir el proceso con un nuevo objetivo: Al pedir perdón estamos reconociendo que hemos cometido un error, que no hemos hecho las cosas de la mejor manera posible, que no hemos actuado como deberíamos…y ese es el primer paso para perdonarnos a nosotros mismos, comprendernos y liberarnos de la culpa.

Al pedir perdón también buscamos perdonarnos a nosotros mismos, y eso es algo que sí podemos conseguir.

¿Cómo sabemos si debemos perdonar o no?

En la mayoría de las ocasiones sólo debería existir una opción: perdonar. Lo que no significa que la relación entre ambos no pueda cambiar. 

¿Qué debemos tener en cuenta para ello?

1º) Hay que ponernos en la situación del otro y tratar de comprender por qué ha tenido lugar el suceso en cuestión. Ver si tenemos alguna responsabilidad (que no culpa) sobre lo acontecido.

2º) Hacer memoria de si el hecho se ha repetido con anterioridad y cuántas veces (si nunca ha tenido lugar, vamos por el buen camino).

3º) Pensar en todo lo bueno y todo lo malo que nos ha aportado esa persona a lo largo de la historia de relación que tenemos con ella.

4º) Aceptar que nos rodeamos de todo tipo de personas (buenas y no tan buenas) y que tenemos diferentes maneras de relacionarnos con cada una de ellas (buenas y no tan buenas o “tóxicas”). Tratar de diferenciar si es alguien que nos está mintiendo o manipulando o es alguien que nos ha demostrado que podemos confiar en él/ella.

Y, por último, perdonar. Ya sea tomando la decisión de alejarnos o no. Propiciando un cambio en la relación o no.

Por todo ello, os animamos a que reflexionéis o hagáis memoria: ¿Cuántas personas conocéis que se quieren y no se hablan por algún motivo o por simple distanciamiento? ¿Cuántas otras con toda una vida de buen trato dejan de hablarse por un error? ¿Cuántas buenas personas que se han alejado por motivos insignificantes?

En todos estos casos, quizás hubiera ayudado el pedir perdón: reconocer el error, arrepentirse y hacérselo ver al otro.

Nuestro consejo: Decir “lo siento” cada vez que lo sintamos, ser más conscientes de todo aquello que hacemos bien y lo que no hacemos tan bien, y tratar de que esto último se repita lo menos posible.

 

Recuerda que también puedes encontrar este contenido en  http://www.quererseespoder.com/perdonar-y-pedir-perdon/

¿QUÉ HACER CUANDO QUEREMOS PERDER PESO?

Cuando nos damos cuenta de que hemos cogido algunos kilos o llevamos unos años arrastrando algunos que ya, nunca mejor dicho, nos pesan, el planteamiento habitual que nos surge es que tenemos que comer menos y hacer más ejercicio.

Por este motivo, es probable que esas veces que queremos perder peso, en primera instancia, reduzcamos las calorías que consumimos habitualmente, pidamos una dieta a nuestra cuñada -de cuando estuvo embarazada y tuvo el bebé-, o tiremos de una de las “dietas milagro” que podemos ver en internet. E incluso, nos dejamos engañar por otras dietas basadas en productos específicos que, una vez finalizado el régimen, no volveremos a tomar jamás.

Pero, ¿es así de simple?

Por supuesto que no. Si fuera así de fácil no nos encontraríamos en consulta a tantas personas con el peso inicial que pretendieron perder en el pasado, o, incluso, con mucho peso más, producto de las frustraciones de no haber conseguido el objetivo o no haberlo sabido mantener en el tiempo.

Al intentar hacer múltiples dietas que no han sido realizadas por un especialista teniendo en cuenta nuestras particularidades, puede que estemos entrando, siendo o no conscientes de ello, en el ciclo de la dieta eterna.

¿En qué consiste esa dieta eterna?

 

En empezar períodos de dietas hipocalóricas con resultados a corto plazo, pero para siempre.

Es decir, ¿alguna vez habéis oído que alguien se pone a dieta porque tiene una boda? ¿Porque llega la feria? O la tan famosa operación biquini… Seguramente que la mayoría de nosotros la hayamos puesto en práctica en algún momento, incluso. Pero luego, llega la boda y nos hartamos de comer y una vez termina, no se retoma la dieta porque es demasiado sacrificada; en la feria nos hartamos de alcohol; y en el verano o en vacaciones… nos permitimos todo aquello de lo que nos hemos privado durante el invierno para poder meternos en el traje de baño, hasta que tiramos la toalla y empezamos de nuevo en septiembre como cada año…

Esto es así, porque al ser tan restrictiva o al no estar individualizada y desarrollada por un profesional en función de nuestras necesidades personales, es frecuente que nos cansemos y tiremos la toalla. Con ello, al no adquirir hábitos, volvemos a coger el peso perdido y empezamos de nuevo el mismo proceso. Lo que se llama con la conocida denominación de efecto “yo-yó”.

Si no aprendemos a alimentarnos, caemos en la trampa una y otra vez. Y no es porque no tengamos fuerza de voluntad, porque la tenemos después de llevar a cabo dietas tan hipocalóricas. Es porque nos engañamos a nosotros mismos. Vivimos pensando en la inmediatez “Queremos esto y lo queremos ahora”. Y no asumimos que esto es un proceso largo, pero que puede librarnos de ese tipo de dietas para siempre.

La dieta eterna no está destinada a que aprendamos a comer y esto es imprescindible para no volver a hacer dieta nunca más.

Si empezamos a cambiar el foco y entendemos que esas dietas de “pierde peso en 8 semanas” o “te quedan dos meses para el verano, quítate los hidratos  o toma este sustitutivo de la comida” son las que, verdaderamente, son eternas, nos resultará más fácil tomar la decisión de cambiar de hábitos en lugar de hacer dieta una y otra vez.

Son eternas porque necesitan un fin. Y en el momento en que finalizan nos comemos todo aquello de lo que nos hemos privado en ese espacio de tiempo. Y recuperamos el peso. Y cogemos incluso más. Y nos frustramos. Y nos sentimos incapaces. Y tiramos la toalla. Y seguimos comiendo, porque sabemos que más tarde o más temprano, tendremos que volver a hacer otra de esas dietas, buscando desesperadamente una que nos funcione.

Sin embargo, aquellas dietas con las que aprendemos a comer lo que necesitamos tendemos a desecharlas porque los resultados no se ven tan rápidamente. Pero es que éstas son más largas porque se requiere tiempo para: adquisición de hábitos, aprendizaje de cantidades, proporciones de macronutrientes, recetas, combinaciones de alimentos… incluso de probar cosas nuevas. De esta forma, los resultados no son inmediatos (en algunos de los casos), pero sí permanecen en el tiempo sin que ello nos suponga un sacrificio o sufrimiento tal como el de las dietas restrictivas.

Por ello, quizás, uno de los pasos importantes que podemos tomar es que decidamos acudir a un dietista-nutricionista que nos proporcione, mediante sus dietas, la educación nutricional que necesitamos y que nos enseñe qué y cuánto debemos consumir en función de nuestras características, nuestro estilo de vida y del ejercicio que llevemos a cabo.

Porque el otro aspecto que tenemos que tener en cuenta es que ese plan de alimentación se combine con ejercicio físico regular, lo que también requiere un tiempo para la adquisición de hábitos para aquellos que no lo hayan practicado nunca o para los que lo hayan hecho cada vez que se ponían a dieta, pero sin disfrutarlo.

Pero, aun así,  puede que comer mejor y hacer ejercicio de forma regular no sea suficiente. O, al menos, no lo sea para algunas personas.

Como se ha explicado en las publicaciones anteriores, hay un importante componente emocional en nuestro comportamiento a la hora de comer, y muchos otros factores psicológicos que están influyendo en el peso que cogemos o que nos sentimos incapaces de perder.

Al hilo de la publicación sobre la fantasía de cuando esté delgado/a, hay una ilusión y una expectativa de cambio cuando perdamos el peso que nos sobra; hay sentimientos de inutilidad e incompetencia tras muchos fracasos en conseguir algo tan, aparentemente, fácil (dejar de comer y moverte); hay comparaciones y  exigencias propias y ajenas; hay mucho estrés; hay miedos; hay presión social; hay una historia de vida detrás que puede estar interfiriendo en este proceso. Hay una autoestima pobre y sentimientos de incapacidad.

Además, a menudo las personas que acuden a un especialista para bajar de peso, realmente tienen otra demanda (que incluso ellas mismas desconocen): Sentirse aceptada y querida. Sentirse valorada. Sentirse orgullosa. Sentirse atractiva.

Por todo ello, sabemos que esas dietas que he explicado al principio no son las que vamos a repetir todos los días de nuestra vida. Así que, ¿por qué no darle la oportunidad a esa reeducación alimentaria en lugar de buscar incesantemente esa dieta milagro, que es imposible de cumplir siempre?

Desde la unidad de obesidad de Grupo Médico Lopez Cano os recomendamos desechar esas dietas y que os pongáis en manos de profesionales que os enseñen a incorporar buenos hábitos que sí que pueden ser definitivos para gozar de una buena salud:

 

  • Teniendo en cuenta que además de ser importantísimo prestar atención a los hábitos alimenticios y el ejercicio, también lo es la salud mental y emocional.
  • Autoestima.
  • Autocompasión.

LA FANTASÍA DE CUANDO ESTÉ DELGADO

De nuevo, nuestra psicóloga quiere compartir con vosotros una publicación acerca de la fantasía de adelgazar; y sobre las cosas que descuidamos tomando ésta como único objetivo a partir del cual empezar a vivir.

Como ya sabemos, la pérdida de peso es muy importante para la salud si nos encontramos en una situación de sobrepeso u obesidad en la que padecemos malestar o sufrimos limitaciones; pero, ¡ojo!,  igualmente tienen que cuidar su salud aquellos que estén en normopeso, si llevan a cabo conductas perjudiciales u hábitos insalubres.

De acuerdo con Geneen Roth en su libro Cuando la comida sustituye al amor, “La fantasía de estar delgada es más poderosa que estar delgada”, al igual que “La fantasía de pasarte la vida con un compañero inaccesible es más interesante que pasarte la vida con alguien que no te ama”. Pero hemos de buscar amarnos a nosotros mismos y perder peso precisamente por ese motivo: porque nos amamos y queremos cuidar de nosotros mismos y de nuestra salud.

Así que aquí os dejamos la publicación que también podéis encontrar en http://www.quererseespoder.com/la-fantasia-cuando-este-delgado/:

¿En qué consiste la fantasía “cuando esté delgado/a”?

La fantasía, como término general según la RAE, es:

  • Facultad que tiene el ánimo de reproducir por medio de imágenes las cosas pasadas o lejanas, de representar las ideales en forma sensible o de idealizar las reales.
  • Grado superior de la imaginación; la imaginación en cuanto inventa o produce.

En particular, la fantasía “cuando esté delgado/a” se refiere más a la reproducción de imágenes futuras donde la persona se representa con un peso ideal y, por ende, una vida magnífica. Esta fantasía se basa en la convicción de que el estar delgado o delgada hará que nuestra vida gire de forma radical y nos permitirá ser felices.

Quizás esto ocurra porque nos comparemos con personas que están delgadas y despejemos la siguiente incógnita:

 

Laura está delgada y es feliz.

Yo ??? quiero ser feliz.

 

 

Entonces, ¿qué es lo que me falta a mí para ser feliz?

 

Es un error pensar que el simple hecho de estar delgado/a hará que te conviertas en alguien feliz. Por lo tanto, vamos a tratar de desmontar esta idea con los siguientes ejemplos:

 

-Lo primero, en el caso de Laura, podemos observar que está delgada pero, ¿en qué nos basamos para decir que es feliz?

 

Algunas respuestas “más tradicionales” podrían ser las siguientes: su familia y sus amigos la quieren, tiene un puesto de trabajo, tiene una pareja que también es físicamente muy atractiva, etc.

 

Otras “más actuales”: tiene muchos seguidores en redes sociales, sube muchas fotos a redes sociales en las que se la ve feliz, tiene muchos “likes” y comentarios en sus fotos, etc.

 

Y, de todo lo anterior, ¿qué depende del aspecto físico?

 

Entre las respuestas tradicionales, afirmar que su familia y amigos la quieren por estar delgada sería, algo así, como reconocer que una persona con sobrepeso no merecería el amor y cariño de familiares y amigos. Ahora bien, ¿conocéis a alguna persona que no quiera a un amigo o familiar por ser “gordito/a”?

 

Lo dudo.

 

En cuanto al trabajo, afirmar que tiene un puesto de trabajo porque está delgada sería como negar el derecho a trabajar a personas que no lo estuvieran. Pero, ¿habéis visto alguna vez a alguien con sobrepeso desempeñando un puesto de trabajo?

 

Apuesto a que sí.

 

Respecto a la pareja, sin más preámbulos, ¿pensáis que sólo tienen derecho al amor las personas que están delgadas?, ¿conocéis a alguien con sobrepeso que tenga pareja? Es más, ¿conocéis a alguna pareja en la que uno de ellos sea físicamente muy atractivo y el otro no?

 

 

El tema de la pareja a lo mejor es más controvertido: ¿qué os hace pensar que es feliz? En esta pareja, además de multitud de situaciones que pudieran ser reflejo de una buena relación sentimental, podrían ocurrir muchas otras que indicaran lo contrario: maltrato psicológico o físico, manipulación, infidelidades, desconfianza, celos, peleas constantes…

El tema de la influencia que tienen las redes sociales sí puede relacionarse más con el aspecto físico, aunque poco tenga que ver con la felicidad.

Además, volviendo a lo anterior, ¿sabemos si es feliz en su trabajo?, ¿percibe el cariño de sus familiares y amigos?

Por todos estos motivos, es absurdo pensar que la relación entre estar delgado y ser feliz es de “causa-efecto”. Pero parece que es algo que nos cuesta asumir a muchos de nosotros. De hecho, hasta aquel que ha perdido peso en anteriores ocasiones y ha podido dilucidar que no ha encontrado el sendero de la felicidad, sigue manteniendo esta idea. Porque es la fantasía de estar delgado lo que la alimenta. Porque la fantasía de estar delgado tiene más poder que estar delgado.

“Sólo la fantasía permanece siempre joven; lo que no ha ocurrido jamás no envejece nunca”, Friedrich von Schiller.

 Porque, si muchos de nosotros pensamos que no tenemos derecho a que nos quieran, o a encontrar un trabajo, o a tener pareja por el simple hecho de no estar delgados, podemos crear la fantasía de que cuando consigamos este objetivo, alcanzaremos de golpe todas estas cosas.

Además, el problema de la fantasía es que nos aleja del presente y no nos permite afrontarlo ni disfrutar de lo que somos y de cómo somos.

Pero pensad, ¿qué es lo que hace que los demás nos quieran?, ¿y que consigamos un trabajo?, ¿y que tengamos una pareja?

 La mayoría de las veces la solución está en ser nosotros mismos. No hay ninguna poción mágica. Un grupo de personas puede querernos por algún motivo por el que otro grupo de personas no nos querría. Al igual que una pareja.

Para trabajar habrá lugares donde demos el perfil y otros en los que no. Es decir, podríamos ser aptos para un trabajo por un motivo y no serlo para otro por el mismo motivo.

 

Eso sí, nos ayuda a ser mejores el gozar de un buen sentido del humor, dar cariño y apoyo a los demás, ser generoso, humilde, ser proactivo y trabajar duro, etc. Y, a veces, tener un golpe de suerte.

 

Por todo ello, no debemos buscar la felicidad a partir del peso. No podemos olvidar que el peso no deja de ser un número. Igual que la estatura o el pie que calzamos. Incluso que la edad, porque la edad tampoco nos define. Y, perder peso, puede ayudarnos a mejorar nuestra salud (siempre que realmente sea algo que necesitamos) y a sentirnos más ligeros y cómodos en nuestro cuerpo, pero no va a traer la felicidad consigo. Nosotros somos mucho más que un cuerpo delgado, un número o una talla. Potenciemos, entonces, todo lo demás y centrémonos en nuestro presente para crear nuestra propia felicidad.

LOS TIPOS DE HAMBRE

En Grupo Médico López Cano y, concretamente, en su Unidad de Obesidad, consideramos que la toma de conciencia sobre la existencia de diferentes tipos de hambre es muy importante para poder identificarla y satisfacerla. Por ello, aquí os dejamos otra publicación que nuestra psicóloga quiere compartir con todos vosotros:

Los diferentes tipos de hambre son:

-Hambre visual, que se corresponde con la expresión de que “comemos con los ojos”.

¿Os ha pasado alguna vez que, en un restaurante self-service o buffet, habéis cogido más comida de la que necesitáis?

Muchas veces escogemos la cantidad de comida que vamos a consumir por medio de la vista. Esto se debe a que los alimentos nos resultan muy atrayentes por su forma, color o manera en que están cocinados, y nos parece que “tienen muy buena pinta”.

Ello hace que, frecuentemente, consumamos más de lo que podemos o que nos sobre mucha comida en el plato cuando descubrimos que “no podemos más”. En situaciones normales, este tipo de hambre puede controlarse sirviéndose la ración adecuada y alejando de nuestra vista el resto de comida.

-Hambre olfativa, la que nos provoca el aroma que se desprende de un alimento o de un plato bien cocinado.

También puede ocurrir que, a menudo, comamos porque estemos al lado de alguien que lo hace y su comida desprenda un olor que nos provoque el “hambre”; y no hace falta que el producto sea una “exquisitez”, puede ocurrirnos con algo tan simple como el pan tostado. En estas ocasiones, nos sorprendemos ingiriendo comida por el simple hecho de que el de al lado lo hace y “¡mm!” “¡Qué bien huele!” “¡Voy a hacerme yo también una tostada!”.

-Hambre bucal, que es aquella que aparece para satisfacer el deseo de obtener las sensaciones placenteras que nos provocan los sabores de los diferentes alimentos.

Este tipo de hambre depende de factores genéticos, hábitos alimentarios, tradiciones culturales, etc.

-Hambre estomacal, que surge de las sensaciones de “tener un agujero en el estómago”.

Esto ocurre porque este órgano está condicionado por la cantidad de alimentos que solemos consumir. De modo que, si tendemos a consumir alimentos en exceso, sentiremos un vacío en el estómago a ciertas horas; y al consumir menos cantidad de la que estamos acostumbrados. O, al revés, tendremos sensaciones de “estómago lleno” si solemos comer poco o en horas diferentes. A este respecto, me gustaría recordar que las cantidades que debemos consumir van en consonancia con nuestro peso, altura y requerimientos energéticos.

Entonces, ¿por qué no acostumbramos a nuestro estómago a consumir la cantidad necesaria de alimentos y en los momentos que así lo requiera?

Esto es importante, ya que lo que satisface el hambre estomacal es la cantidad adecuada de alimentos y la variedad de los mismos.

 

-Hambre mental, que está condicionada por nuestro propio pensamiento.

Surge cuando nos decimos a nosotros mismos que “esa comida” es la que debo, me conviene, necesito, me merezco o tengo que consumir.

Es importante saber que es muy difícil satisfacer este tipo de hambre, puesto que la mente siempre está en funcionamiento y, en el momento que consiga que la consumas (“esa comida”), te desafiará a que lo hagas con otra.

-Hambre de corazón, que es la que puede dar lugar a la alimentación emocional.

Este tipo de hambre surge porque no sabemos diferenciar el agujero del estómago y el del corazón. Pensamos que tenemos hambre cuando en realidad es otra cosa.

Y, ¿qué otra cosa es?

Para descubrir lo que nos ocurre, la mejor manera es mediante el autoconocimiento.

Pero, además podemos identificarla por los siguientes aspectos: aparece de repente y en forma de “antojos” por determinados alimentos, surge la necesidad de satisfacerla inmediatamente, se continúa comiendo incluso estando lleno y, posteriormente, aparecen autorreproches y sentimientos de culpa, vergüenza e insatisfacción con uno mismo.

Entonces, ¿existe otra manera de satisfacer el hambre de corazón?

Sí, pero la comida no es el medio.

La cantidad de alimentos consumidos y la velocidad con la que se ingieren es claramente superior a la que tendría lugar en condiciones normales y, aún así, los sentimientos que aparecen son desagradables. Por ello, es imprescindible buscar otra manera de satisfacerla.

Algunas opciones pueden ser: prepararnos la comida con atención y cariño (y no utilizar productos envasados), innovar en la cocina con diferentes especias y condimentos, tratarnos como si fuésemos un invitado, encender unas velas, poner unas flores, utilizar la vajilla que nos gusta, en definitiva, sentirnos amados y cuidados.

-Hambre celular, que ocurre a nivel fisiológico y surge de los requerimientos de energía cuando llevamos mucho tiempo sin comer.

Este tipo de hambre aparece poco a poco y puede saciarse con diferentes alimentos, no es necesaria la ingesta inmediata y se consigue satisfacer cuando hay una sensación agradable de plenitud, que refleja que se han recuperado los niveles necesarios de azúcar y nutrientes.

Esta última es el hambre que más debería impulsarnos a comer, sin renunciar al placer que podemos experimentar mediante la vista, el olfato y el gusto; y atendiendo las sensaciones de plenitud generadas en el estómago.

 

¿Estáis preparados para atender a todas las señales que os envía vuestro cuerpo? Sólo así podréis hacer modificaciones, ¡siempre y cuando sean convenientes!

Esta publicación también la podéis encontrar en  http://www.quererseespoder.com/tiposdehambre/

CONSUMIMOS COMIDA EN EXCESO

Después de la anterior publicación sobre el papel que tienen los alimentos en nuestra vida , nuestra psicóloga quiere compartir otra publicación acerca de por qué comemos más de lo que necesitamos y qué podemos hacer para combatir el control cuando se den algunas de esas situaciones:

¿CONSUMIMOS COMIDA EN EXCESO? ALGUNAS ESTRATEGIAS PARA COMBATIR LA FALTA DE CONTROL

El consumo inadecuado de la comida puede venir determinado por diferentes motivos:

  • Por una ingesta insuficiente de nutrientes.
  • Por carencias afectivas.
  • Por el aprendizaje de asociaciones inadecuadas.
  • Por sufrimiento psicológico.
  • Por el deseo de disminuir la autoconciencia en una situación desagradable.
  • Por la intolerancia a la frustración y el sometimiento.
  • Por la búsqueda de placer.
  • Y, sobre todo, por la costumbre.

Por lo tanto, para empezar a trabajar en reducir este consumo excesivo de alimentos que no viene provocado por la sensación de hambre, sino por muchos otros motivos, hemos de tener claro que:

  • Es muy importante que tratemos de aumentar la conciencia sobre el comportamiento alimentario que llevamos a cabo: averiguar cuál ha sido el detonante por el que ha tenido lugar la sobreingesta, indagar si esto nos ha ocurrido en otras ocasiones y si hemos ejecutado otro tipo de comportamiento más adecuado para gestionarlo, reflexionar sobre qué podemos hacer la próxima vez que ocurra algo parecido, etc.
  • Empezar hoy a cuidar nuestra salud, en lugar de decirnos que “mañana empezamos” o “el lunes empiezo la dieta”. A este respecto, es importante no confiar en las dietas “milagro”: Los riesgos de estas dietas son que la pérdida de peso viene determinada por la pérdida de líquidos y otras sustancias corporales en mayor porcentaje que la perdida de grasa; y, además, suelen generar un “hambre voraz” en aquel que las lleva a cabo, debido a la restricción alimentaria que llevan impuesta, por lo que no se consigue una pérdida de peso sostenida y, al abandonarlas, pueden provocar un efecto “yoyó”.
  • En el caso de que hayamos llevado a cabo una ingesta superior a la debida, debemos de cambiar la frase “de perdidos al río” por “no es lo mismo ocho que ochenta”. Una vez que nos excedemos cuando nos alimentamos con algo que nos gusta (y que, generalmente, no nos permitimos a menudo) podemos pensar que ya nos aprovechamos y “arrasamos con todo lo que pillemos”. Es en esos momentos cuando hay que recordar que “no es lo mismo tomarnos una o dos galletas que todo el paquete”.
  • No sentirnos culpables, en el caso de que haya tenido lugar una ingesta desmesurada, pero tampoco justificarnos. Ésta ocurre, en muchas ocasiones, por la restricción previa que tenemos del alimento. Además, muchas veces llevamos la alimentación que “podemos”, ya que influyen factores psicosociales en el modo en que comemos: educación nutricional, cambios reiterados de dieta, modas, hábitos, sedentarismo, disminución del tiempo que se dedica tanto a cocinar como a comer, vidas más desorganizadas por las exigencias laborales, etc.

Y, lo más importante, concienciarnos de que llevar una dieta saludable puede no coincidir, en todos los casos, con tener un cuerpo “10” y que lo más importante es poder vivir sanos y a gusto con nosotros mismos. 

Por ello, aquí os dejamos algunas estrategias útiles para evitar el descontrol con la comida:

Consumir, de forma equilibrada, todos los tipos de alimentos que son nutricionalmente saludables y que nos gusten. Ajustar su consumo al valor calórico diario que necesitamos. De esta forma, evitaremos las sensaciones de hambre que “no podemos controlar” y que nos pueden llevar a la sobreingesta. Para ello, debemos evitar saltarnos las comidas además de acudir a un profesional de la nutrición para que nos enseñe a comer de manera equilibrada y ajustada a nuestro peso y al ejercicio que realizamos.

  • Incrementar la variedad de alimentos ingeridos para no caer en el aburrimiento y la monotonía que puede derivar en el consumo de otros alimentos “más atractivos” y, frecuentemente, calóricos.
  • Practicar ejercicio físico de forma habitual combinando actividades aeróbicas y anaeróbicas. Tomar conciencia de que el ejercicio físico tiene efectos positivos a nivel psicológico ya que disminuye el estrés y otras de las emociones desagradables descritas con anterioridad, que pueden llevarnos a la ingesta compulsiva de comida, además de que ayuda en el control del apetito.
  • Minimizar la restricción alimentaria o evitar etiquetar alimentos como “prohibidos”. Cuando suprimimos totalmente alimentos que nos gustan mucho, por el hecho de ser adictivos o poco saludables, sólo conseguimos estar más pendientes de ellos. La mejor decisión, en este caso, será consumirlos con moderación y en menor cantidad para no estar constantemente pensando en cuánto los echamos de menos.
  • Mejorar nuestras propias actitudes relacionadas con la comida.
  • No comer delante de la televisión o el ordenador, ya que dejamos de prestar atención a la alimentación y a nuestras sensaciones de hambre y saciedad.
  • Mantenernos ocupados en los momentos en que nos encontremos ansiosos o pensemos que estamos “fuera de control”. En estas situaciones, lo adecuado es evitar tener tiempo libre y buscar una opción que podamos llevar a cabo y que sea incompatible con la ingesta. Por ejemplo, ver la televisión sería algo que podemos hacer mientras comemos pero ¿podemos comer mientras estamos en el gimnasio o mientras estamos limpiando la casa? En el tiempo en el que estamos realizando otra actividad puede disminuir o, incluso, desaparecer el impulso o el deseo por comer.
  • Evitar ir a hacer la compra cuando tenemos hambre; por el contrario, podemos ir una vez hayamos realizado una de las comidas del día y estemos plenamente saciados.
  • Una vez en el supermercado: evitar zonas de comida rápida, hacer una lista de los alimentos que necesitamos antes de ir y seguirla, llevar el dinero justo, comprar alimentos que necesiten cocinarse, etc.
  • A la hora de las comidas: servirse una ración y no dejar el resto de comida delante.
  • Cuando hagamos comidas grandes, congelar la comida que nos sobre.
  • No acudir reiteradamente a la cocina en los momentos en los que no tengamos nada que hacer.
  • Cuando terminemos de comer: no dejar la comida a la vista y eliminar el sabor y el olor de la misma. Esto último se puede hacer lavándonos los dientes nada más terminar de comer y utilizando ambientadores para las zonas en las que se haya cocinado. De esta forma evitamos que los alimentos puedan estimularnos por medio de la vista, el olfato o el gusto.

Para finalizar, uno de los aspectos claves a trabajar para evitar este tipo de actuaciones es, como ya sabemos, el aumento en la conciencia de lo que nos ocurre y nos motiva a gestionarlo a través de la alimentación. Lo cual se pretende conseguir con apoyo y tratamiento por parte de un profesional de psicología.

Esta publicación también la podéis encontrar en Querer es poder.

 

El papel del alimento en el desarrollo de un Trastorno de la Conducta Alimentaria

A continuación, os presentamos la publicación “¿Qué papel tienen los alimentos en nuestra vida?” que podéis encontrar en http://www.quererseespoder.com/papel-tienen-los-alimentos-nuestra-vida/ realizado por nuestra psicóloga Irene Arroyo Quirell para ayudarnos a tomar conciencia de cómo es nuestra relación con la comida y los distintos alimentos que ingerimos:

¿Qué papel tienen los alimentos en nuestra vida?

 

Muchos alimentos que consumimos a diario están asociados a nuestras emociones, por lo que no es extraño pensar que el hecho de comer es capaz de despertarnos sensaciones de bienestar contra las que es difícil competir.

Dejando a un lado las diferencias que pueden existir entre unas personas y otras, y el indudable placer que generan los diferentes sabores; lo cierto es que esta asociación entre la comida y nuestras emociones puede darse en cualquiera de nosotros desde que somos pequeños.

¿Qué significa esto?

Por un lado, que desde recién nacidos hemos asociado la comida con un sentimiento positivo. Nos sentimos bien en los brazos de la persona que nos alimenta porque no sólo elimina nuestra sensación de hambre; sino también nos ofrece cobijo, cariño y protección.

Además, estamos acostumbrados a utilizar la comida para premiarnos (o premiar a los demás) ante un esfuerzo prolongado: un nuevo contrato de trabajo, un ascenso, una graduación, una nota alta en una asignatura difícil, etc.

Para celebrar un acontecimiento importante, que no es tal si no está acompañado de un buen banquete: bodas, bautizos, comuniones, aniversarios, navidad, año nuevo, etc.

Incluso cuando nuestros seres queridos (padres, amigos, hermanos o pareja) regresan a casa cada día o cuando tenemos una visita, queremos mostrar nuestro cariño a esas personas o nuestra alegría de tenerlos en la mesa junto a nosotros, y tendemos a hacerles su plato favorito, y a comprar los dulces, bebidas o aperitivos que sabemos que les gustan, porque eso, les hace sentir bien; y por ende, nos hace sentir bien a nosotros.

Todo esto sin olvidar que también son un agradecimiento, e incluso regalos (un par de buenas botellas de vino, un jamón, una tarta de cumpleaños, dulces, una caja de bombones, bolsas de golosinas…). Todo el bienestar que sentimos en esos momentos, está asociado a cada uno de los alimentos a los que refiere dicho festejo.

¿Y el otro lado?

Por otro lado, el alimento es también capaz de eliminar un sentimiento desagradable, o al menos, paliar sus síntomas y reducir el malestar. Y esto es algo con lo que también hemos crecido:

Cuando éramos pequeños y teníamos que acudir al médico para vacunarnos, tras la consulta, el ATS nos regalaba una piruleta; y, cuando nos sacaban una muela o nos empastaban un diente, el dentista nos decía que nos compráramos un helado pasadas unas horas.

Y cuando somos mayores, de repente, podemos sorprendernos pidiendo comida a domicilio cuando tenemos días malos, permitiéndonos homenajes o caprichos cuando estamos “depre”, tomando chocolate cuando “tenemos la regla” y consumiendo todo tipo de alimentos cuando estamos ansiosos. Porque, en nuestra historia de aprendizaje, los alimentos nos calman.

Además, según las películas o series de televisión, ¿qué hace la persona cuya pareja acaba de romper con ella? Comprar y comer helado, y si es de chocolate, mejor; porque “eso es lo único que podrá consolarlo/a” … Pero en absoluto es así.

De nuevo, cuando somos adultos, si visitamos a algún enfermo o celebramos que alguien ha superado una operación, lo hacemos ofreciéndole algo, frecuentemente comida; y no importa tanto el qué, porque no sólo se produce bienestar por el alimento en sí, sino por el mensaje “Me alegro de tu recuperación y te muestro mi cariño con estos bombones”.

Sin olvidar que, a veces, podemos estar tan tristes que no queremos probar bocado. Sentimos “un nudo” en el estómago o en la garganta, y nos encontramos inapetentes.

Entonces, debemos preguntarnos: ¿Esta asociación puede ser peligrosa?

La respuesta es , sobre todo si nos referimos a que es capaz de hacer que desaparezcan sentimientos desagradables, aunque realmente lo que desaparece es nuestra percepción de ellos a corto plazo; ya que, a largo plazo, se mantienen. No obstante, también hay muchas personas que tienen una relación sana con la comida a pesar de dicha asociación.

En muchas ocasiones, son comportamientos normales que nos ocurren puntualmente en determinadas circunstancias, pero aun así, deberíamos preguntarnos:

¿Por qué estoy comiendo tan rápido?

¿Tengo sensación de hambre?

¿Soy capaz de parar cuando ya no puedo más?

¿Hay algún vacío que esté intentando llenar?

Ya que, si estamos calmando nuestra ansiedad con la comida o tratando de llenar algún vacío, puede que devoremos en lugar de masticar los alimentos; y podemos aprender otras estrategias mucho más efectivas para trabajar con esos aspectos.

De hecho, con los sentimientos desagradables, citados anteriormente, tenemos que hacer reciclaje: los que son con la familia hay que trabajarlos con la familia; los que son con la pareja, con la pareja; los que son en el trabajo, hay que tratar de solucionarlos en el trabajo; etc. Y dejar para la alimentación lo que se refiere a alimentarnos.

Nuestro consejo: Aliméntate, de forma saludable, sin cubrir ninguna otra necesidad que la del alimento y ¡disfrútalo!

 

Si, por el contrario, consideras que tienes problemas para gestionar este tipo de comportamientos, no dudes en consultarlo con nosotros. Estaremos encantados de ayudarte.

 

Colaboramos. Ampliación clínica en Guatemala

Trabajamos por nuestra ciudad, por ser los mejores profesionales y por qué no, por la mejoras de las condiciones de vida del ser humano donde quiera que se encuentre. ????♂️ Aquí tenéis algunas fotos del acto de colocación de la placa en agradecimiento por la colaboración de la ampliación de la clínica en Guatemala. En el acto estuvieron presentes alumnos y padres de familia beneficiadas de la clínica.

Impartimos un curso de sedación en Cádiz

Imágenes del pasado día 19 de septiembre donde acompañados de excelentes profesionales de la medicina, impartimos conjuntamente con profesionales del hospital puerta del mar, el LXXVII CURSO DE SEDACIÓN PROFUNDA EN ENDOSCOPIA.
Gran asistencia de público y excelente participación fueron la nota dominante en esa jornada.
Este curso ha contado con profesores especialistas en la materia de varios puntos de España y se ha sido coordinado por el propio Doctor Antonio López Cano así como el Doctor Claudio Rodriguez Ramos del Hospital Puerta del Mar de Cádiz. Se ha contado con más de 40 profesionales provenientes de Hospital Príncipe de Asturias (Madrid), Hospital Insular de las Palmas (Las Palmas de Gran Canaria), Hospital de La Linea de la Concepción, Complejo Hospitalario Jaen, Clinica Girona o el Hospital Regional de Malaga entre otros.
Gracias a todos por asistir.

Nota de prensa. Hospital Doctor López Cano

Queridos amigos,
Tras varios meses de intenso trabajo finalmente podemos anunciar, que tenemos previsto el comienzo de las obras de adecuación de un nuevo centro hospitalario, en nuestra ciudad de Cádiz pasados estos meses de verano. El centro, que recibirá el nombre de HOSPITAL DOCTOR LÓPEZ CANO, estará ubicado en la planta baja y primera de la tribuna del Estadio Ramón de Carranza y complementará a las instalaciones con las que ya contamos en la Clínica Astarté. La duración de las obras se estima en 10 meses, por lo que, contando con un lógico margen de error en este aspecto, tenemos una previsión de apertura en torno a septiembre del año 2019.
Tendrá un carácter eminentemente quirúrgico al albergar bloque compuesto por tres quirófanos, unidad de Cirugía Mayor Ambulatoria y capacidad para hospitalización de larga estancia, lo que nos va a permitir realizar intervenciones de calado en un entorno cómodo y seguro para pacientes, acompañantes y profesionales. Asimismo, en planta baja ubicaremos un área de consultas que se sumará a aquellas con las que ya contamos, así como una unidad dental en asociación con un joven y prestigioso odontólogo de nuestro entorno. Ampliaremos y reforzaremos así nuestra cartera de servicios con especialidades como la traumatología, cirugía general, cirugía plástica y reparadora etc. Os daremos mayor detalle de las muchas novedades que afrontaremos en el año 2019, a lo largo de este tiempo.
Queremos también aprovechar este escrito para agradecer el respaldo de todas las instituciones públicas independientemente de su color político, de las fuerzas de la oposición del consistorio, así como de las sucesivas delegaciones de la Zona Franca de Cádiz en la puesta en marcha de este proyecto. Han sabido entender que se trata de un proyecto positivo para la ciudad, que generará más riqueza en la misma y permitirá el crecimiento de una empresa con ADN 100% gaditano.
Afrontamos este proyecto con gran ilusión y con toda la fuerza del mundo, nuestra apuesta por Cádiz y su entorno como ciudadanos y empresarios, es inquebrantable.
Un fuerte abrazo.
Antonio López Sifferle
DIRECTOR GERENTE GRUPO MEDICO LÓPEZ CANO.