CÓMO EVITAR QUE NUESTRAS EMOCIONES Y LA TRISTEZA NOS HAGAN COMER

Al hilo de la publicación anterior donde hablábamos de cómo actúa la emoción del miedo en nuestra forma de comer y, más en concreto, en el sobrepeso; vamos a ver ahora cómo interviene la tristeza, según la opinión de Stéphane Clerget en su libro Sobrepeso emocional, en este mismo proceso.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la tristeza, muchas  veces se enmascara con otras emociones como ira, irritación, tensión, hostilidad, vergüenza, inseguridad, incomprensión, confusión, desamparo, nostalgia, melancolía, frustración… E, incluso, nos lleva a comportamientos propios de otras dolencias: reposo, sueño, aislamiento…

Por esto, en primer lugar, es necesario entender en qué consiste esta emoción. Así es como la autora nos define la tristeza:

“La tristeza es una emoción simple y pasajera, aunque también puede convertirse en duradera. Atestigua una falta o pérdida, ya sea real, imaginaria o simbólica. Se puede haber perdido a un amigo, a un animal, un trabajo, una ilusión, un ideal, o simplemente, y de manera provisional, las propias energías.

Evidentemente, también se puede estar triste sin saber por qué, y sentir una carencia afectiva sin saber precisar a qué se debe. Entonces es importante escarbar en el fondo de la propia tristeza para encontrar allí sus causas, ya sean recientes o antiguas, puesto que una tristeza actual, provocada por un acontecimiento cualquiera, puede, de hecho derivarse de una tristeza más antigua que se ha despertado”.

Por otro lado, según el diagnóstico de trastornos depresivos por el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales): “El rasgo común de todos estos trastornos es la presencia de un ánimo triste, vacío o irritable, acompañado de cambios somáticos y cognitivos que afectan significativamente a la capacidad funcional del individuo”.

 Uno de los síntomas de los trastornos depresivos es la pérdida importante de peso  o el aumento de éste. Con lo cual puede cursar tanto con disminución del apetito como con sobreingesta.

La autora lo relaciona con la sobreingesta según lo siguiente:

“La persona triste buscará en el alimento consuelo y calor, para compensar el calor humano que necesita. Desplazará su búsqueda afectiva a los alimentos que decide comer. Y entonces el alimento reemplaza al afecto. El repliegue sobre uno mismo que la tristeza implica favorece un menor gasto energético. La acumulación de grasa como reacción a un estado de tristeza prolongada no es constante, pero es una de las respuestas emocionales del cuerpo, que expresa simbólicamente la necesidad de ser envuelto, arropado y protegido”.

 Por ello, viendo la estrecha relación que guarda la tristeza con este comportamiento alimentario, es tan importante saber qué hacer con esta emoción:

“Nuestra sociedad actual es poco tolerante frente a esta clase de emociones, aún cuando estén objetivamente motivadas (pérdida de empleo o ruptura amorosa) y lleven al individuo a enmascararlas.

De hecho, algunos creen que el mejor modo de luchar contra su tristeza consiste en hacer como si no existiera. La reprimen. Dejan entonces de lado este sentimiento sin permitirle expresarse, y de ese modo se engañan, ya que entonces la tristeza corre peligro de manifestarse de modo inesperado e inadecuado, como con risas descontroladas en un entierro o llantos sin razón en momentos que normalmente no son tristes.

Además, una tristeza que se mantenga reprimida demasiado tiempo puede generar sobrepeso emocional.

 En conclusión, es muy importante empezar a validar todas las emociones ya que todas tienen su utilidad, incluso la tristeza. O, mejor dicho: sobre todo la tristeza.

 “A veces, la tristeza hay que buscarla para sacarla a la luz y evitar su pernicioso impacto sobre el peso. Cuando uno está triste y ha encontrado la razón de ello, puede permitirse que sus lágrimas se derramen libremente. Sobre todo, no retenga nada, ya que, si no, cualquier cosa se transformará en kilos de más. Compadézcase a sí mismo: ello le evitará buscar consuelo en los alimentos; y confíe en el futuro”.

 Con ello, volvemos a la misma conclusión que con el miedo. No se trata de luchar contra él. De hecho, si ya hemos probado luchar contra él y no hemos obtenido el resultado que esperábamos, ¿por qué no probamos algo distinto?

“Así pues, el medio de abandonar la tristeza consiste en dejar que se exprese, en buscar sus orígenes actuales y pasados, en consolarse como si estuviera consolando a un amigo, y en utilizar cada parcela de energía positiva conservada o resurgida para dirigirse hacia aquellos pensamientos, acciones y personas que son fuentes potenciales de mejora de nuestra situación y bienestar”.

¿Y si en lugar de esconder o evitar sentirnos tristes, nos dejamos sentir esa tristeza para aprender de ella? Desde Grupo Médico López Cano os animamos a ello.

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