vértigo, mareos

Vértigo (Parte I) Una patología incapacitante

Todos hemos montado alguna vez en barco, en coche, o en alguna atracción y hemos experimentado una sensación que normalmente describimos como “mareo”. Sobra decir que, llegado a un extremo, este estado puede llegar a producir un malestar que llegue a incapacitar a la persona, pudiendo provocar síntomas digestivos e incluso síncopes (desmayos).

Imagínense lo que sería padecer esta sensación sin nada que la desencadene, de forma espontánea e incontrolable.

El vértigo se describe como la sensación ilusoria que tiene una persona de estar girando o moviéndose, o como si el mundo estuviera girando a su alrededor.

Esta patología puede ser causa de un problema de origen central (cerebro) o de un problema procedente del oído interno, donde se encuentra el órgano del equilibrio, también llamado sistema vestibular.

El sistema vestibular está formado por tres estructuras: utrículo, sáculo y canales semicirculares. Estas estructuras contendrán una serie de sustancias, las cuales permitirán registrar la movilidad del cuerpo en el espacio, y con respecto a esto, realizar las correcciones oportunas para poder mantener el equilibrio y la postura, así como la horizontalidad de la mirada.

¿Qué lo provoca?

Dependiendo del origen de la patología, tal y como hemos explicado anteriormente, podemos diferenciar dos tipos de vértigo: vértigo periférico (oído) y vértigo central (sistema nervioso central), a saber:

I) Vértigo periférico:
a. Vértigo postural benigno (vértigo postural paroxístico benigno, también conocido como BPPV): Tal y como su nombre indica es un vértigo benigno, el cual puede corregirse en consulta a través de la realización de maniobras, las cuales serán ejecutadas por el médico especializado.

b. Ciertos medicamentos, como antibióticos, diuréticos o salicilatos, los cuales son tóxicos para las estructuras del oído interno.
c. Inflamación del nervio vestibular (neuronitis).
d. Irritación e hinchazón del oído interno (laberintitis).

e. Enfermedad de Ménière.

f. Presión en el nervio vestibular, por lo general de un tumor no canceroso, como un meningioma.

II) Vértigo central:

a. Enfermedad vascular.
b. Ciertos fármacos como anticonvulsivos, ácido acetilsalicílico (aspirina) y alcohol.
c. Esclerosis múltiple.

d. Convulsiones (poco común).

e. ICTUS.

f. Tumores (cancerosos o no).

g. Migraña.

¿Es lo mismo vértigo que mareo?

Es importante este punto ya que, al ser un síntoma subjetivo del paciente, es fundamental que aprendamos a diferenciarlos, para poder expresar al médico los síntomas con la mayor exactitud y así el diagnostico pueda ser más rápido y certero. Aunque puedan utilizarse como sinónimos, son dos entidades diferentes.

Describiremos el mareo como una sensación de aturdimiento, en la que la persona puede sentir que va a perder el equilibrio. Normalmente un mareo se puede controlar rápidamente. En el caso de que estas sensaciones se repitieran con cierta frecuencia, seria necesario consultar al médico, ya que podrían ser el síntoma de alguna enfermedad subyacente.

El vértigo, por el contrario, es bastante menos frecuente, ya que afecta aproximadamente al 3% de la población. Lo podemos describir como la sensación ilusoria de giro de las cosas que se encuentran a nuestro alrededor, aunque nosotros estemos quietos. También se describe como un vértigo, a la imposibilidad de identificar que un objeto esta girando a nuestro alrededor, percibiendo que el mismo se encuentra estático. Algo muy característico del vértigo es la aparición de movimientos espontáneos de los ojos, también llamados nistagmos, los cuales se caracterizan por ser rápidos y repetitivos, normalmente en una misma dirección.

¿Tiene tratamiento?

El vértigo, aunque es una patología amplia debido a sus posibles causas, es un campo que hoy en día esta siendo ampliamente estudiado, el cual puede ser tratado por su especialista (normalmente otorrinolaringólogo). Este tiene a su disposición los tratamientos necesarios según su patología desde el punto de vista farmacológico, así como la potestad de derivar a rehabilitación vestibular para mejorar su calidad de vida si su patología lo permitiera.

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