¿QUÉ HACER CUANDO QUEREMOS PERDER PESO?

Cuando nos damos cuenta de que hemos cogido algunos kilos o llevamos unos años arrastrando algunos que ya, nunca mejor dicho, nos pesan, el planteamiento habitual que nos surge es que tenemos que comer menos y hacer más ejercicio.

Por este motivo, es probable que esas veces que queremos perder peso, en primera instancia, reduzcamos las calorías que consumimos habitualmente, pidamos una dieta a nuestra cuñada -de cuando estuvo embarazada y tuvo el bebé-, o tiremos de una de las “dietas milagro” que podemos ver en internet. E incluso, nos dejamos engañar por otras dietas basadas en productos específicos que, una vez finalizado el régimen, no volveremos a tomar jamás.

Pero, ¿es así de simple?

Por supuesto que no. Si fuera así de fácil no nos encontraríamos en consulta a tantas personas con el peso inicial que pretendieron perder en el pasado, o, incluso, con mucho peso más, producto de las frustraciones de no haber conseguido el objetivo o no haberlo sabido mantener en el tiempo.

Al intentar hacer múltiples dietas que no han sido realizadas por un especialista teniendo en cuenta nuestras particularidades, puede que estemos entrando, siendo o no conscientes de ello, en el ciclo de la dieta eterna.

¿En qué consiste esa dieta eterna?

 

En empezar períodos de dietas hipocalóricas con resultados a corto plazo, pero para siempre.

Es decir, ¿alguna vez habéis oído que alguien se pone a dieta porque tiene una boda? ¿Porque llega la feria? O la tan famosa operación biquini… Seguramente que la mayoría de nosotros la hayamos puesto en práctica en algún momento, incluso. Pero luego, llega la boda y nos hartamos de comer y una vez termina, no se retoma la dieta porque es demasiado sacrificada; en la feria nos hartamos de alcohol; y en el verano o en vacaciones… nos permitimos todo aquello de lo que nos hemos privado durante el invierno para poder meternos en el traje de baño, hasta que tiramos la toalla y empezamos de nuevo en septiembre como cada año…

Esto es así, porque al ser tan restrictiva o al no estar individualizada y desarrollada por un profesional en función de nuestras necesidades personales, es frecuente que nos cansemos y tiremos la toalla. Con ello, al no adquirir hábitos, volvemos a coger el peso perdido y empezamos de nuevo el mismo proceso. Lo que se llama con la conocida denominación de efecto “yo-yó”.

Si no aprendemos a alimentarnos, caemos en la trampa una y otra vez. Y no es porque no tengamos fuerza de voluntad, porque la tenemos después de llevar a cabo dietas tan hipocalóricas. Es porque nos engañamos a nosotros mismos. Vivimos pensando en la inmediatez “Queremos esto y lo queremos ahora”. Y no asumimos que esto es un proceso largo, pero que puede librarnos de ese tipo de dietas para siempre.

La dieta eterna no está destinada a que aprendamos a comer y esto es imprescindible para no volver a hacer dieta nunca más.

Si empezamos a cambiar el foco y entendemos que esas dietas de “pierde peso en 8 semanas” o “te quedan dos meses para el verano, quítate los hidratos  o toma este sustitutivo de la comida” son las que, verdaderamente, son eternas, nos resultará más fácil tomar la decisión de cambiar de hábitos en lugar de hacer dieta una y otra vez.

Son eternas porque necesitan un fin. Y en el momento en que finalizan nos comemos todo aquello de lo que nos hemos privado en ese espacio de tiempo. Y recuperamos el peso. Y cogemos incluso más. Y nos frustramos. Y nos sentimos incapaces. Y tiramos la toalla. Y seguimos comiendo, porque sabemos que más tarde o más temprano, tendremos que volver a hacer otra de esas dietas, buscando desesperadamente una que nos funcione.

Sin embargo, aquellas dietas con las que aprendemos a comer lo que necesitamos tendemos a desecharlas porque los resultados no se ven tan rápidamente. Pero es que éstas son más largas porque se requiere tiempo para: adquisición de hábitos, aprendizaje de cantidades, proporciones de macronutrientes, recetas, combinaciones de alimentos… incluso de probar cosas nuevas. De esta forma, los resultados no son inmediatos (en algunos de los casos), pero sí permanecen en el tiempo sin que ello nos suponga un sacrificio o sufrimiento tal como el de las dietas restrictivas.

Por ello, quizás, uno de los pasos importantes que podemos tomar es que decidamos acudir a un dietista-nutricionista que nos proporcione, mediante sus dietas, la educación nutricional que necesitamos y que nos enseñe qué y cuánto debemos consumir en función de nuestras características, nuestro estilo de vida y del ejercicio que llevemos a cabo.

Porque el otro aspecto que tenemos que tener en cuenta es que ese plan de alimentación se combine con ejercicio físico regular, lo que también requiere un tiempo para la adquisición de hábitos para aquellos que no lo hayan practicado nunca o para los que lo hayan hecho cada vez que se ponían a dieta, pero sin disfrutarlo.

Pero, aun así,  puede que comer mejor y hacer ejercicio de forma regular no sea suficiente. O, al menos, no lo sea para algunas personas.

Como se ha explicado en las publicaciones anteriores, hay un importante componente emocional en nuestro comportamiento a la hora de comer, y muchos otros factores psicológicos que están influyendo en el peso que cogemos o que nos sentimos incapaces de perder.

Al hilo de la publicación sobre la fantasía de cuando esté delgado/a, hay una ilusión y una expectativa de cambio cuando perdamos el peso que nos sobra; hay sentimientos de inutilidad e incompetencia tras muchos fracasos en conseguir algo tan, aparentemente, fácil (dejar de comer y moverte); hay comparaciones y  exigencias propias y ajenas; hay mucho estrés; hay miedos; hay presión social; hay una historia de vida detrás que puede estar interfiriendo en este proceso. Hay una autoestima pobre y sentimientos de incapacidad.

Además, a menudo las personas que acuden a un especialista para bajar de peso, realmente tienen otra demanda (que incluso ellas mismas desconocen): Sentirse aceptada y querida. Sentirse valorada. Sentirse orgullosa. Sentirse atractiva.

Por todo ello, sabemos que esas dietas que he explicado al principio no son las que vamos a repetir todos los días de nuestra vida. Así que, ¿por qué no darle la oportunidad a esa reeducación alimentaria en lugar de buscar incesantemente esa dieta milagro, que es imposible de cumplir siempre?

Desde la unidad de obesidad de Grupo Médico Lopez Cano os recomendamos desechar esas dietas y que os pongáis en manos de profesionales que os enseñen a incorporar buenos hábitos que sí que pueden ser definitivos para gozar de una buena salud:

 

  • Teniendo en cuenta que además de ser importantísimo prestar atención a los hábitos alimenticios y el ejercicio, también lo es la salud mental y emocional.
  • Autoestima.
  • Autocompasión.
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